Comentarios desactivados en “No temas”. 5 Tiempo ordinario – C (Lucas 5,1-11)
La culpa como tal no es algo inventado por las religiones. Constituye una de las experiencias humanas más antiguas y universales. Antes que aflore el sentimiento religioso se puede advertir en el ser humano esa sensación de «haber fallado» en algo. El problema no consiste en la experiencia de la culpa, sino en el modo de afrontarla.
Hay una manera sana de vivir la culpa. La persona asume la responsabilidad de sus actos, lamenta el daño que ha podido causar y se esfuerza por mejorar en el futuro su conducta. Vivida así, la experiencia de la culpa forma parte del crecimiento de la persona hacia su madurez.
Pero hay también maneras poco sanas de vivir esta culpa. La persona se encierra en su indignidad, fomenta sentimientos infantiles de mancha y suciedad, destruye su autoestima y se anula. El individuo se atormenta, se humilla, lucha consigo mismo, pero al final de todos sus esfuerzos no se libera ni crece como persona.
Lo propio del cristiano es vivir su experiencia de culpa ante un Dios que es amor y solo amor. El creyente reconoce que ha sido infiel a ese amor. Esto da a su culpa un peso y una seriedad absoluta. Pero al mismo tiempo lo libera del hundimiento, pues sabe que, aun siendo pecador, es aceptado por Dios: en él puede encontrar siempre la misericordia que salva de toda indignidad y fracaso.
Según el relato, Pedro, abrumado por su indignidad, se arroja a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador». La respuesta de Jesús no podía ser otra: «No temas», no tengas miedo de ser pecador y estar junto a mí. Esta es la suerte del creyente: se sabe pecador, pero se sabe al mismo tiempo aceptado, comprendido y amado incondicionalmente por ese Dios revelado en Jesús.
Comentarios desactivados en “Dejándolo todo, le siguieron”. Domingo 09 de febrero de 2025. Domingo 5º Ordinario.
Leído en Koinonia:
Isaías 6, 1-2a. 3-8: Aquí estoy, mándame. Salmo responsorial: 137: Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor. 1Corintios 15, 1-11: Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído. Lucas 5, 1-11: Dejándolo todo, lo siguieron.
El autor de la primera lectura ubica la escena en un tiempo concreto, año 740 a.C. que corresponde a la muerte del rey Osías (740 a.C). El relato se divide en dos partes: la visión (vv. 1-4) y la reacción del profeta (vv. 5-8). Una tercera parte, que ha sido excluida en nuestro texto litúrgico (vv. 9-13), cuenta la misión que recibe el profeta. Realmente todo el capítulo 13 forma una unidad literaria. Por su similitud con los relatos de vocación de Jeremías y Ezequiel, que tienen estas mismas tres partes, algunos consideran este relato como de vocación. Sin embargo, el contenido nos lleva a pensar en un relato de misión.
La escena comienza a desarrollarse probablemente en el templo de Jerusalén, donde el profeta recibe la visión de una liturgia celeste. El profeta ve a Yahvé con los rasgos de un rey, ejerciendo su poder. También sobresale un lenguaje de plenitud expresado en frases como “el ruedo de su manto llenaba el templo”, “su gloria llena la tierra toda”… Los serafines (serafín = ardiente), seres alados de fuego, que no son todavía los ángeles de la tradición posterior, están por encima del rey, en actitud de servicio. Los serafines entonan el canto del «santo, santo, santo». La santidad de Dios se hace visible a través de su gloria, y la gloria de Dios se manifiesta a través de sus obras en la creación y de sus acciones liberadoras a favor de su pueblo.
En los vv. 5-7 se nos muestra la reacción de Isaías ante la visión, poniendo el acento en la impureza de sus labios y los de su pueblo. Se siente perdido por que tal vez no habló en el momento que lo debía hacer, esto lo hace impuro e incapacitado para ejercer su vocación de hablar en le nombre de Yahvé. La exclamación angustiosa que expresa conversión es atendida con un serafín quien a través de un carbón encendido toca su boca para que le sean perdonados sus pecados. Isaías entonces está habilitado de nuevo como profeta, no sólo para hablar sino para escuchar la voz de Dios que busca un profeta. Pasando de la angustia del pecado a la seguridad de estar acreditado para hacer de profeta, responde de inmediato “aquí me tienes”, manifestando así su disponibilidad y pertenencia absoluta a la voluntad del Señor.
Todo el capítulo 15 de 1 Corintios tiene como eje temático la resurrección de Jesucristo, puesta en duda en el v.12: “¿cómo dice alguno que no hay resurrección de los muertos?”. Al comenzar el capítulo Pablo recuerda la Buena Nueva como el mejor regalo entregado a la comunidad de Corinto, regalo que fue recibido y mantenido con fidelidad a las palabras anunciadas. Aparece claro que el elemento común a los cristianos de todos los pueblos, culturas y tradiciones es la palabra de Dios. El contenido de la Buena Nueva lo describe Pablo citando un fragmento del primer credo cristiano que tiene como protagonista a Cristo, como testimonio de solidaridad, su muerte por nuestros pecados, como punto de referencia, las Escrituras, como respuesta solidaria humana, su sepultura, como intervención directa de Dios, su resurrección, como testigos de la resurrección, a todos los que se les apareció. El Dios de la Vida y la vida de nuestro pueblo es la razón de ser de toda vocación cristiana, que es vocación a defender y acrecentar la vida. «Para que tengan Vida y Vida en abundancia».
En el evangelio de hoy nos encontramos con un diálogo entre Jesús y Pedro, sencillo y profundo a la vez, diálogo que podríamos hacer nuestro en medio de las aguas tempestuosas de este mundo mientras nos esforzamos en nadar contra corriente. Pedro, por el oficio, era el experto en lugares y horas precisas para pescar. Sabía que en la noche y con las aguas tranquilas se pesca mejor, eso había estado haciendo toda la noche ¡y no habían cogido ni un pececito! Pero llega Jesús que sin ser pescador le dice sencillamente, que eche las redes para pescar…
Pedro, el experto, pudo haber dicho que no, que no era ni la hora ni el lugar para pescar y todo hubiera quedado ahí. Pero no, calla su experiencia y sabiduría (“hemos pasado toda la noche bregando”); reconoce su fracaso y desilusión (“no hemos cogido nada”), y “en nombre de Jesús echa las redes”. Y ya conocemos el final del relato: ¡una pesca maravillosa! Cuando Jesús le pide a Pedro que “reme mar adentro” lo está invitando a una aventura que lo lleva más allá de las playas cotidianas en busca de un horizonte mucho más amplio. Y Pedro cree en la palabra de Jesús.
Éste es el verdadero milagro: creer cuando todo parece ilógico. La abundante pesca y las redes llenas de peces son sólo la consecuencia de la fe. Todos los relatos de milagros en el evangelio comienzan con la fe o la suscitan, es la condición para ver la acción de Jesús. Cuando no la hay, Jesús simplemente se va a la otra orilla como veremos en las próximas semanas. Si creemos en Jesús entonces se realiza el milagro!
Claro, la cosa no es tan sencilla, se necesita una fe muy grande dada por Dios. Pidamos esa fe para que igual que Pedro, creamos en Jesús, obedezcamos su palabra, rememos mar adentro y echemos las redes para pescar, entonces, veremos otro milagro en nuestras vidas y en nuestra comunidad.
Y es que ser discípulos de Jesús exige confiar en su palabra. La misión a la que Jesús nos quiere enviar es osada y, hoy por hoy, con pocas probabilidades de éxito. Jesús quiere contar con nosotros y nosotras para el proyecto de Reino. Jesús convoca a los Apóstoles para que sean pescadores de personas, por eso toda vocación exige “remar mar adentro” para abandonar las seguridades de la orilla, tener un horizonte ilimitado asumir responsabilidades y meterse en una gran obra: el servicio al Reinado de Dios, es decir, una utopía de la que serán beneficiaros todos los hombres y mujeres del mundo.
Sin que desmerezca el oficio de los pescadores, lo que le propone Jesús a Pedro es una superación en el oficio que hasta ahora había desempeñado: pescar hombres y mujeres para el Reino es una empresa más noble y difícil que pescar peces, es algo más milagroso que la pesca que acaban de hacer.
Pero algunos llamados a esta nueva labor son también invitados a “dejarlo todo” para seguir a Cristo. Los necesita dedicados a tiempo completo, dedicándole a esta “misión” todas las fuerzas. Pescar hombres y mujeres para el Reino exige renunciar a todo lo demás y asumir a Jesús como única posesión. La misión a la que se llama exige desprenderse por completo, para apegarse totalmente a Jesús. En el relato de hoy se van con Jesús, que vale mucho más que las dos barcas llenas de pescados que les acaba de regalar. Dejan esa abundante pesca que los había admirado tanto porque comprenden que la vocación compromete al ser humano en un trabajo que está por encima de los trabajos humanos ordinarios. La vocación–misión es una invitación a colaborarle a Dios, un trabajo milagroso. Oremos hoy por aquellos que dejándolo todo se han ido tras el Señor. Leer más…
Comentarios desactivados en Dom 9.2. 25. Lo mismo que Pedro (Lc 5, 1-11): Duc in altum, ir más al fondo
Del blog de Xabier Pikaza:
Dom 5. Ciclo C. Lc 5, 1-11.Este pasaje, escrito por Lucas hacia el año 90 d.C., sitúa a la iglesia actual (2025) ante una decisión antigua de los cuatro primeros convocados de Marcos 1, 16-20 (Pedro y su hermano Andrés; los dos zebedeos: Juan y Santiago).
Aquella decisiónes la nuestra (siglo XXI) para recrear la iglesia en un momento crucial, tras las pequeñas reformas cosméticas del siglo XX (movimientos cristianos, Vaticano II, nueva evangelización, proyecto sinodal) que, al parecer, están fracasando. Llevamos mucho tiempo sin pesca. La decisión antigua puede ayudarnos a tomarla nuestra.
| Xabier Pikaza
SITUACIÓN. Duc in altum, más al fondo en el mar de la vida, en la vida de cada persona
Han pasado una crisis muy fuerte, años de pesca inútil; pero Jesús les ha llamado de nuevo, han retomado la tarea y han pescado mucho. Éste es el argumentó del evangelio del domingo (Lc 1, 1-11), con la decisión de Pedro y los zebedeos, que Jn 21 plante teniendo en cuenta la tarea de Pedro y de los siete helenistas, con la intervención esencial del Discípulo amado. Por eso pido a mis lectores que lean ambos textos: Lc 5 y Jn 21.
Lucas ha retomado y contado esta la historia de un modo algo distinto, desde la perspectiva de los helenistas (Heh 6-8) y de Pablo, y ha escrito en esa línea todo el libro de los Hechos. También ha contado esa historia desde la perspectiva de Marta y María, en Lc 10, 38-42, suponiendo que las cosas han ido bien en esta iglesia de mujeres
Varias iglesias, una iglesia.
Nuestro texto (Lc 5) nos sitúa ante la glesia de los cuatro primeros pescadores de Mc 1, 16-20 par. (Pedro-Andrés con Juan y Santiago), que aparecen en la escena y anuncio del juicio final, en Mc 13, recibiendo la enseñanza conclusiva de Jesús, ante el templo, con el anuncio de la destrucción del templo, con la guerra judía de fondo (67-70).
Está la iglesia de los Doce, elegidos por Jesús como nuevo Israel (Mc 3, 13-16,) para enviarlos después a las a las 12 tribus de Israel…, con Pedro entre ellos y también su hermano Andrés y los zebedeos, en Mac 6, 6-13 par). Es la iglesia del nuevo Israel, que aparece también en Pablo (1 Cor 1 15).Esta iglesia de los doce es la iglesia dominante, que Lucas sitúa en el Cenáculo de Jerusalén, tras la ascensión de Jesús, antes de la venida del Espíritu Santo (Hechos 1, 13-14), unida a los parientes de Jesús y las mujeres.
Está la iglesia de los hermanos parientes de Jesús, que aparecen en Hech 1, 13-14….Y de un modo especial en Hech 6-15 (y en 2 Cor 15 Se apareció a Jacob), cuando se distinguen la iglesia de los helenistas y la de los hebreos…. que pactan en el Concilio de Jerusalén (Hech 15). A esta iglesia de Santiago y los hermanos de Jesús (los hebreos) la conocemos después por la polémica constante de Pablo con ellos, en Gal, 1 Cor… y por la visita final de Pablo a Jerusalén, conforme al final de Hechos….donde parece que no hay acuerdo final entre Pablo y los hebreos cristianos.
Está la iglesia de los 7 helenistas de Hech 6, con Esteban, con Felipe el evangelista… y luego con Pablo. En la línea de esta iglesia establece Lucas el segundo envío de Jesús, el de los 72… que no se dirigen ya a Israel (como los 12), sino a todos los pueblos… (Lc 10-1-16)…. En un contexto en el que aparece también la iglesia de Marta y María. Parece evidente que este envío de los 72… se relaciona con el de los siete helenistas de Hech 6 y de un modo especial con el de Pablo más tarde.
Está la iglesia de las mujeres, de Marta y María(Lc 10, 38-42), que acogen a Jesús y a sus enviados, iglesia de la casa de la contemplación y del servicio mutuo, iglesia de amor y de acogida.
Está la iglesia del Discípulo amado con Pedro… en Jn 21. Lucas ha desarrollado después en Hechos la línea que va de Pedro a Pablo; los sinópticos se han quedado más bien en la iglesia de los cuatro (Pedro y su hermano con los Zebedeos)…. Y el Cuarto Evangelio ha desarrollado más, en Jn 21 la iglesia que va de Pedro al Discípulo Amado.
Son iglesias distintas… que se irán uniendo en forma de una Gran Iglesia… pero que por otra parte siguen siendo diferentes en la actualidad (año 2025) con católicos, ortodoxos protestantes y otras comunidades… entre las que podemos y debemos contar la iglesia de Santiago Nazireo (hermano de Jesús), con otras como la de Tomás, los gnósticos etc.
Aquí no puedo desarrollar y seguir todos los hilos de esas iglesias, que, en parte, he empezado a contar en algunos libros, especialmente en Compañeros y amigos de Jesús, la iglesia antes de Pablo (Sal Terrae 2024). Mañana (8.2.25) voy a contar para el CELAM de Bogotá Marta y María. Ahora voy a presentar en esta postal la historia de fondo de este pasaje de Lc 5, 1-11, pidiendo a mis lectores que tengan muy presente el texto paralelo de Jn 21, donde el Cuarto evangelio cuenta la misma historia desde la perspectiva de Pedro y el Discípulo Amado.
INTRODUCCIÓN CON PEDRO. LA MISIÓN FRACASADA DE LOS 4
Simón (a quien Jesús llamará después Pedro) y sus compañeros aparecen como pescadores cansados, tras una noche en blanco, pero que se arriesgan a iniciar de nuevo la tarea de la pesca, en un mar más profundo.
Hay dos barcas, con al menos cuatro pescadores, que arreglan las redes vacías pero estropeadas al sol de la mañana, mientras Jesús habla en la orilla a la gente. No les queda más que reparar los daños de la noche. No tienen ya faena Vuelven de haber trabajado la noche entera, no han conseguido nada (podemos compararles con nosotros, después de 2000 años de Iglesia… y sin nada).
Pero Jesús les pide que vuelvan, que inicien la tarea mar adentro, en lugares que no habían explorado todavía. Las palabras de Jesús a Simón y a sus compañeros son significativas:
‒ Les dice en griego (en la versión conservada por Lucas) epanagage eis to bathos, que significa que avancen (que naveguen y se arriesguen) más al interior (en zona más profunda de aguas, sin miedo a quedar lejos de la orilla).
‒ La traducción latina que se ha hecho tradicional dice duc in altum: lleva el barco a más hondura (altura), profundiza, elévate…, no te quedes pasmado donde estás. Esta traducción ha hecho fortuna y se utiliza como signo de llamada vocacional, dirigida no sólo a Pedro, sino a todos los cristianos: ¡Hay profundidades y alturas que debes explorar aún!
‒ La versión castellana (rema mar adentro) pone de relieve el esfuerzo personal de los pescadores que se supone que han de remar (en teoría podían navegar a vela)…
Después del fracaso en Nazaret (que leímos el domingo pasado), la liturgia dominical omite algunos episodios y pasa a la vocación de los primeros discípulos, aunque el relato de Lucas podríamos titularlo, con más razón, “La vocación de Pedro”. Como paralelo del Antiguo Testamento, la primera lectura cuenta la vocación de Isaías. Y la segunda, aunque se centra en el contenido de la primera predicación cristiana, hace una referencia clara a la vocación de Pablo. Buen tema de reflexión en una época en la que tanto nos preocupa la escasez de vocaciones.
A propósito de la visita de Jesús a Nazaret vimos que Lucas se basa en el evangelio de Marcos, pero lo modifica para enfocar el episodio de forma nueva. Hoy ocurre lo mismo con la vocación de los primeros discípulos. Para comprender el relato de Lucas conviene recordar el de Marcos.
.
El escueto relato de Marcos sobre la vocación de los primeros discípulos
Caminando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes al lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo:
“Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres”.
Al punto, dejando las redes, le siguieron.
Un trecho más adelante vio a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, que arreglaban las redes en la barca. Inmediatamente los llamó. Y ellos dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con él.
El relato no puede ser más breve. Parecen simples notas para ser desarrolladas por Marcos en su comunidad. Dos parejas de hermanos, un lago, unas redes, una barca, el padre de dos de ellos, unos jornaleros. En este ambiente tan sencillo y cotidiano, Jesús se encuentra por primera vez con estos cuatro muchachos, los llama, y ellos lo siguen dejándolo todo. Una reacción que desconcierta a cualquier lector atento.
La versión de Lucas
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara, un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
– «Remad mar adentro, y echada las redes para pescar.»
Simón contestó:
– «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:
– «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»
Y es que el asombro- se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón:
– «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Los tres cambios que introduce Lucas
Pretende hacer más comprensible el seguimiento de los discípulos. No es la primera vez que se encuentran con Jesús. Él ya ha estado antes en Cafarnaúm, incluso ha comido en casa de Simón y ha curado a su suegra. Luego ha seguido su vida de predicador itinerante y solitario, pero, cuando vuelve a Cafarnaúm, no es un desconocido. Es un maestro famoso y la gente se agolpa para escucharle. El lector no se extraña de que lo sigan.
Centra su atención en Pedro, no en los cuatro discípulos, hasta el punto de que ni siquiera nombra a su hermano Andrés. Jesús sube a la barca de Simón, le pide que se aleje un poco de tierra; con él dialoga después de hablar a la multitud, ordenándole adentrarse en el lago y echar las redes; y Simón Pedro es el único que reacciona arrojándose a los pies de Jesús y reconociéndose pecador. Aunque luego se menciona a Santiago y Juan, que también seguirán a Jesús, las palabras finales y decisivas las dirige Jesús solo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”.
Subraya la importancia de Jesús. No se limita a pasear por el lago (como cuenta Marcos) sino que está predicando a la gente, que se agolpa a su alrededor hasta el punto de necesitar subirse a una barca. Luego, Simón le da el título de “Maestro” y le obedece, volviendo a pescar, aunque parece absurdo. Finalmente, Simón cae de rodillas y lo reconoce como un personaje santo, no un pobre pecador como él. La vocación de los discípulos supone un mayor conocimiento de Jesús.
El relato de la vocación de Isaías (1ª lectura)
El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo: “¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!” Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.
Yo dije: “¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.”
Y voló hacia mí uno de los serafines, con una ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: “Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.”
Entonces, escuché la voz del Señor, que decía: “¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?”
Contesté: “Aquí estoy, mándame.”
Retrocedamos ocho siglos, al año 739 a.C., cuando muere el rey Ozías. En ese momento sitúa Isaías su vocación. Pero la cuenta de un modo muy distinto. En ese encuentro inicial con Dios lo que más le llama la atención es su majestad y soberanía, que destaca mediante tres contrastes. El primero con Ozías, muerto; del rey mortal se pasa al rey inmortal. El segundo, con los serafines, a los que describe detenidamente, mientras de Dios solo puede decir que “la orla de su manto llenaba el templo”. El tercero, con Isaías, que se siente impuro ante el Señor. Tenemos tres binomios que subrayan la soberanía de Dios (vida-muerte, invisibilidad-visibilidad, santidad-impureza). Todo esto, enmarcado en un terremoto que hace temblar los umbrales y llena de humo el templo.
Basándose en la queja de Isaías (“soy un hombre de labios impuros”), un serafín purifica sus labios, como símbolo de la purificación de toda la persona. Por eso, la consecuencia final no es que Isaías ya tiene los labios puros, sino que “ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado”. Cuando Dios pregunte “¿A quién mandaré? ¿Quién irá de mi parte?”, Isaías podrá ofrecerse voluntariamente: “Aquí estoy, mándame”.
La vocación de Isaías y la vocación de Simón
Lucas, gran conocedor del Antiguo Testamento, parece ofrecer en su relato de la vocación de Simón Pedro una relectura de la vocación de Isaías. Al menos es interesante advertir las diferencias.
El escenario. La vocación de Isaías tiene lugar en el ámbito sagrado del templo, con Dios en un trono alto y excelso, rodeado de serafines. La de Pedro, en una barca dentro del lago, rodeado de los compañeros y jornaleros.
La persona que llama. En el caso se Isaías se subraya la majestad y santidad de Dios. A Jesús se lo presenta inicialmente de forma muy humana, aunque capaz de congregar a una multitud y de convencer a Pedro para que vuelva a pescar. Solo después de la pesca advertirá Pedro que se encuentra ante un personaje excepcional.
La reacción inicial del llamado. En ambos casos el protagonista se siente pecador. La reacción de Isaías es más trágica (“estoy perdido”) porque parte de la idea de que nadie puede ver a Dios y seguir con vida. Pedro se reconoce simplemente ante un personaje sagrado junto al cual no puede estar (“apártate de mí”).
La preparación del enviado. A Isaías, un serafín lo purifica como paso previo para poder realizar su misión. Jesús no realiza nada parecido con Pedro. La forma de prepararse es seguir a Jesús. “Dejándolo todo lo siguieron”.
La misión. La liturgia ha suprimido la parte final del relato de Isaías, donde recibe la desconcertante misión de endurecer el corazón del pueblo judío y cegar sus ojos; la misión principal de Isaías consistirá en transmitir un mensaje durísimo. En cambio, la de Pedro será positiva, “pescador de hombres”.
La reacción finaldel elegido. Aquí no hay diferencia. En ambos casos se advierte la misma disponibilidad, aunque en los discípulos se subraya que lo dejan todo para seguir a Jesús.
La breve referencia de Pablo a su vocación (2ª lectura)
Al enumerar las apariciones de Jesús, Pablo no evita una referencia a sí mismo: “por último, como a un aborto, se me apareció también a mí”. La gran diferencia con Isaías y Pedro es que Pablo ha sido un perseguidor de la iglesia. Pero también él recibe una misión, y ha respondido con toda generosidad. Incluso con cierto orgullo confiesa: “he trabajado más que todos ellos”. Para corregirse inmediatamente: “Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo”.
Reflexión y pregunta
La generosidad de los cuatro primeros discípulos, dejándolo todo para seguir a Jesús, nos recuerda a tantas personas que siguen dejando todo, incluso la familia y la patria, a veces para ser “pescadores de hombres”, otras para ayudar a cualquiera que lo necesite, incluso de religión distinta. Un ejemplo que sirve de estímulo y demuestra el poder de la llamada de Jesús.
La pregunta: ¿Cuántas veces a la semana cumplo su mandato: “Rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”?
Y hay que decir que esta vez “todo” era mucho. Eran dos barcas tan llenas de peces que casi se hundían…
Lo normal hubiera sido que Pedro o los hijos de Zebedeo hubieran contratado a Jesús como pescador. Con él en la empresa los beneficios hubieran aumentado considerablemente. Sus familias se habrían enriquecido y con parte de los beneficios podrían haber ayudado a otras muchas personas. Podrían haber fundado una escuela de predicadores y una ONG, por ejemplo.
Así son las cosas como las pensamos nosotros. Dios suele tener otras ideas y aquí es cuando estos pescadores, el mejor día de toda su carrera laboral deciden dejarlo TODO.
Una decisión absolutamente absurda desde el punto de vista humano. Es una pena no conocer la reacción de las familias y amigos de estos pescadores. Pero seguro que fue similar a la de tantas familias que ven como una hija, un hermano, una sobrina o un primo se encuentra con Dios y lo deja todo.
Quienes lo ven desde fuera no lo comprenden. Una vez, hace años, una persona que vino a la hospedería, conversando con la hospedera, se interesaba por una hermana. Había oído decir que en el monasterio había una hermana que era médico y preguntaba si era cierto. Ante la respuesta afirmativa dijo: “-¡Qué desperdicio de vida!”
Que una persona que tenía una buena profesión decida meterse monja suscita incomprensión e incluso desprecio. No hay lógica humana que comprenda que alguien sea capaz de dejar dos barcas llenas de peces y seguir a un Maestro medio desconocido. No se comprende, pero sigue sucediendo.
Jamás podrá comprenderse porque es una respuesta que tiene que ver con el corazón, no con la razón. El amor nunca es razonable. Y ahí van quedando barcas llenas de peces en muchas orillas. Porque cuando Dios irrumpe en la vida de alguien primero la hace rebosar y después se lo pide TODO.
Oración
Ven, Trinidad Santa, a nuestras orillas, cuando repasamos nuestras redes vacías, cuando dejamos nuestras barcas llenas. Amén.
Comentarios desactivados en Si no alcanzas el mar profundo de tu ser, nunca serás tú.
DOMINGO 5º (C)
Lc 5,1-11
Empezamos Hoy el c 5 del evangelio de Lucas con un episodio múltiple: La multitud que se agolpa en torno a Jesús para escuchar la palabra de Dios; la enseñanza desde la barca; la invitación a remar mar adentro; pesca inesperada; la confesión de la indignidad de Pedro; la llamada de los discípulos y el inmediato seguimiento. No nos dice de qué les habla Jesús, pero lo que sigue nos da la verdadera pista para descubrir de qué se trata. Este relato es muy parecido al que narra Juan en el capítulo 21. Los dos abren un horizonte nuevo. Los dos nos invitan a conocer a Jesús y a conocernos nosotros mejor para parecernos a él.
Hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada. El hecho de que la pesca abundante sea precedida de un total fracaso tiene un significado teológico muy profundo. ¿Quién no ha tenido la sensación de haber trabajado en vano durante décadas? Solo tendremos éxito cuando actuemos en nombre de Jesús. Esto quiere decir que debemos actuar de acuerdo con su actitud vital, más allá de nuestras posiciones raquíticas y a ras de tierra. Lo que se nos pide es muy distinto a decir: por Jesucristo nuestro Señor.
Rema mar adentro. La multitud se queda en tierra, solo Pedro y los suyos (muy pocos) se adentran en lo profundo. Esta sugerencia de Jesús es también simbólica. En griego “bados” y en latín “altum” significan profundidad (alta mar), y expresa mejor el simbolismo. Solo de las profundidades del hombre se puede sacar lo más auténtico. Todo lo que buscamos en la superficie, en vano, está ya dentro de nosotros mismos. Pero ir más adentro exige traspasar las falsas seguridades del yo superficial y adentrarse en aguas incontrolables. Adentrarse en lo que no controlamos exige fe-confianza. Decía Teilhard de Chardin: Cuando bajaba a lo hondo de mi ser, dejé de hacer pie y parecía que me deslizaba hacia el vacío.
Fiado en tu palabra, echaré las redes. El que Pedro se fíe de la palabra de Jesús que le manda, contra toda lógica, echar las redes a una hora impropia, tiene mucha miga. Las tareas importantes las debemos hacer siempre fiándonos de otro. Tenemos que dejarnos conducir por la Vida. Cuando intentamos controlar lo que es más que nosotros, aseguramos nuestro fracaso. El mismo Nietzsche dijo: “El ser humano nunca ha llegado más lejos que cuando no sabía a dónde le llevaban sus pasos”. Lo que trasciende a nuestro ser consciente es mucho más importante que el pequeñísimo espacio que abarca nuestra razón. Dejarnos llevar por lo que es más que nosotros, es signo de verdadera sabiduría.
No temas. El temor y el progreso son incompatibles. Mientras sigamos instalados en el miedo, la libertad mínima indispensable para crecer será imposible. Más de 130 veces se habla en la Biblia del miedo ante lo divino. Casi siempre, sobre todo en los evangelios, se afirma que no hay motivo para temer nada. El miedo nos paraliza e impide cualquier decisión hacia la Vida. Si el acercamiento a Dios nos da miedo, ese Dios es falso. Cuando la religión sigue apostando por el miedo, está manipulando el evangelio y abusando de Dios.
El mar era el símbolo de las fuerzas del mal. “Pescar hombres”era un dicho popular que significaba sacar a uno de un peligro grave. No quiere decir, como se ha entendido con frecuencia, pescar o cazar a uno para la causa de Jesús. Aquí quiere decir: ayudar a los hombres a salir de todas las opresiones que le impiden crecer. Solo puede ayudar a otro a salir de la influencia del mal el que ha encontrado lo auténtico de sí mismo. Crecer en mi verdadero ser es lo mejor que puedo hacer por los demás. La principal tarea de todo ser humano está dentro de él. Dios quiere que crezcas, siendo lo que ya eres de verdad.
Y, dejándolo todo, lo siguieron. Seguimos en un lenguaje simbólico, teológico. Es imposible que Pedro y sus socios dejaran las barcas los peces cogidos, la familia y se fueran físicamente detrás de Jesús desde aquel instante. El tema de la vocación es muy importante en la vida de todo ser humano. La vida es siempre ir más allá de lo que somos, por lo tanto, el mismo hecho de vivir nos plantea las posibilidades que tenemos de ir en una dirección o en otra. Con demasiada frecuencia se reduce el tema de la “vocación” al ámbito religioso. Nada más ridículo que esa postura. Quedaría reducido el tema a una minoría.
La vocación no es nada distinto de mi propio ser. No es un acto puntual y externo de Dios en un momento determinado de mi historia. Dios no tiene otra forma de decirme lo que espera de mí, que a través de mi propio ser. Elige a todos de la misma manera, sin exclusiones ni preferencias. La meta es la misma para todos. Dios no puede tener privilegios con nadie. Soy yo el que tengo que adivinar todas las posibilidades de ser que yo debo desarrollar a lo largo de mi existencia. Ni puede ni tiene que añadir nada a mi ser. Desde el principio están en mí todas esas posibilidades, no tengo que esperar nada de Dios.
Mi vocación sería encontrar el camino que me llevará más lejos en esa realización. Los distintos caminos no son ni mejores ni peores. Lo importante es acertar con el que mejor se adecúe a mis aptitudes. La vocación la tenemos que buscar dentro de nosotros mismos, no fuera. No debemos olvidar nunca que toda elección lleva consigo muchas renuncias que no se tienen que convertir en obsesión, sino en la conciencia clara de nuestra limitación. Si queremos avanzar hacia la meta, debemos encontrar nuestro camino. El riesgo de equivocarnos no debe paralizarnos, porque, aunque nos equivoquemos, si hacemos todo lo que está de nuestra parte, llegaremos a la meta, aunque sea con un mayor esfuerzo.
Este relato está resumiendo el proyecto vital de todo ser humano. Jesús desarrolló su proyecto de vida y quiere que los demás desarrollen el suyo. No se trata de una imitación externa como tantas veces nos han insinuado, sino de un vivir lo que él vivió desde nuestro ser más auténtico y profundo. Pedro lo ve como imposible y hace patente su incapacidad. Está instalado en su individualidad y en su racionalidad y es figura de todos nosotros que no somos capaces de superar el ego psicológico y el ego mental. Es lo que hacemos todos nosotros. Lo que no son mis proyectos racionales lo considero inalcanzable.
Pero la verdad es que más allá de lo que creo ser, está lo que soy de verdad. Aquí está la clave de nuestro fracaso espiritual. Descubrimos que hay seres humanos que han alcanzado ese nivel superior de ser, pero a mí me parece inalcanzable porque “soy un pecador”. “¿Quién te ha dicho que estabas desnudo?” Dios da por supuesto que Él no ha sido. Notad el empeño que ha tenido la religión en convencernos de que estábamos empecatados. Ojalá superásemos esa tentación y aspirásemos todos a la plenitud a la que podemos llegar. Ni lo biológico ni lo psicológico ni lo racional constituyen la meta del hombre.
La traducción alternativa nos abre un nuevo horizonte para la interpretación simbólica. Rema a lo profundo. Abandona la superficialidad. Echa las redes en lo más hondo de ti mismo. Superados los monstruos, los fantasmas y las sombras, encontrarás la pesca inagotable, descubrirás lo que de verdad eres y encontrarás la paz y quietud absolutas.
«Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron»
En mayor o menor medida, todos nos sentimos llamados a hacer algo en la vida.
El hedonista se siente llamado a aprovechar los placeres y momentos gratos que le brinda la vida, el existencialista a construirse a sí mismo para dotar de una esencia personal a la existencia que ha recibido, el místico a buscar a Dios en lo más íntimo de su ser, el hinduista a cultivar el equilibrio interior que le permita mantener la armonía con los demás y con la Naturaleza, el cristiano a responder al amor de Dios con amor a los demás…
Para un cristiano hay muchas formas de responder a esta llamada dependiendo de su personalidad, aunque si levantamos un poco la vista hacia el horizonte, todas ellas están encaminadas a la misión última que está en el fondo de todas ellas: construir humanidad; es decir, colaborar en la obra de Dios porque Dios ha confiado en nosotros para sacarla adelante.
Es probable que conozcan la leyenda de aquel maestro de obra que en plena Edad Media visitaba la sección de cantería en el solar donde se estaba construyendo una catedral. Dice la leyenda que se acercó a uno de los canteros, y le preguntó: «¿Qué estás haciendo?», y él le respondió: «Estoy tallando este bloque de mármol». Le hizo la misma pregunta a un segundo cantero, y éste le dijo: «Estoy fabricando un capitel». Siguió su camino, y ante la misma pregunta, un tercer cantero le respondió: «Estoy construyendo una catedral»… Los tres estaban haciendo lo mismo, pero con una perspectiva y una motivación muy diferentes.
Nuestra catedral es la humanidad, y para construirla es necesario convertirse en servidor, compartir lo que tenemos con los que no tienen, perdonar setenta veces siete, trabajar por la paz y la justicia. En definitiva, hace falta que «los hombres vean en nuestras buenas obras el amor del Padre». Nosotros creemos en Abbá porque lo hemos visto reflejado en Jesús, y “los hombres” solo podrán creer en Jesús si ven en nosotros que sus criterios de vida más sólidos y convincentes que los que les ofrece el mundo.
Vista desde esta perspectiva, responder a la llamada comporta una gran responsabilidad. Por eso, Ruiz de Galarreta proponía el siguiente lema como propio del cristiano: «Máximo compromiso, máxima confianza»… Máximo compromiso porque la envergadura de la tarea así lo requiere, y máxima confianza porque ese compromiso es con nuestra Madre.
Miguel Ángel Munárriz Casajús
Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí
Comentarios desactivados en Confiar te hace discípulo/a.
Lc 5, 1-11
En este relato, Lucas, nos presenta el inicio del seguimiento de Jesús por parte de sus primeros discípulos varones. El evangelista presenta este camino que ellos inician como el paradigma de todo proceso de discipulado. Más allá de la fuerza narrativa que la pesca milagrosa imprime a la historia, lo que el autor quiere transmitir es que para seguir a Jesús no solo es importante empatizar o ilusionarse con sus enseñanzas y signos sino arriesgarse a vivir desde el horizonte del Reino asumiendo un modo de vida alternativo y, muchas veces contracultural, que pone en el centro al Dios de la misericordia y de la inclusión.
La palabra de Jesús es la Palabra de Dios
Jesús no es un charlatán que mueve los sentimientos y emociones de la gente para que se unan a sus propuestas, ni un líder que mueve a la gente hacia un objetivo. Jesús invita a acoger el mensaje liberador y sanador de Dios.
Como Lucas nos había contado previamente en la escena de la sinagoga de Nazaret (Lc 4, 14-30), Jesús se siente enviado a una misión: encarnar lo que siglos antes el profeta Isaías había proclamado (Is 61,1-2). Para él las palabras del profeta ya no son solo una esperanza sino una realidad que se encarna en su actuar y en su modo de nombrar a Dios. Junto al lago de Genesaret la gente se agolpa para escucharlo porque su mensaje suena a buena noticia, ofrece esperanza y sentido y, sobre todo, porque anuncia a un Dios que no condena ni se rodea de los perfectos, sino que perdona y consuela, acoge y escucha, poniendo en el centro de sus preocupaciones a quienes sufren, son excluidos/as o invisibilizados/as.
Ni tan lejos ni tan cerca
Pedro y sus compañeros están afanados en el duro trabajo de repasar y guardar las redes después de una larga noche de pesca que había dado poco fruto. Ellos empatizaban con el mensaje de Jesús y seguramente lo escuchaban mientras faenaban, pero seguían muy ocupados en la ardua tarea de sobrevivir, de ganarse un pan precario para ellos y sus familias.
Jesús sabe y entiende sus preocupaciones, pero intuye que puede pedirles algo más. Se acerca y se sube a una de sus barcas para seguir enseñando. Con este gesto reclama toda su atención y les ofrece un sentido y un objetivo nuevo a sus vidas.
Escuchando a Jesús estos hombres van descubriendo que resignarse a lo que hay solo perpetua su fracaso y su impotencia. Volver a echar las redes y hacerlo más lejos de lo previsto es un acto de confianza que supone riesgo y audacia, pero les posibilita conseguir una pesca mejor. El milagro es posible poque confiaron, no tanto en los conocimientos pesqueros de Jesús sino en su palabra que los empujaba a un nuevo comienzo.
La pesca abundante les hizo caer en la cuenta de que no era suficiente escuchar a Jesús y vibrar con sus palabras había que comprometerse con su causa y construir comunidad junto a él. De eso se trataba la invitación a ser pescadores de hombres…
Arriesgarse a creer
Para Lucas este relato quiere ser una invitación al seguimiento. Pedro se presenta como figura paradigmática que encarna el proceso de hacerse discípulo/a e incorporarse a la nueva familia del Reino que Jesús propone.
Pedro inicialmente reconoce en Jesús un maestro que le ofrece un mensaje novedoso y desafiante pero sus expectativas no van más allá de lo que la vida le ofrece. Su encuentro con Jesús le había ilusionado y fortalecía sus esperanzas, pero no se planteaba cambios significativos.
Ese día en el lago todo cambia. La invitación de remar más adentro hace que se replantee sus pertenencias y deja de ser un oyente para convertirse en discípulo. Ahora, ya no se trata de mejorar su existencia sino de comprometerse en la transformación de la realidad para que la Buena Noticia de Jesús llegue a los confines del mundo. Para ello necesita dejar todo lo que lo ata a su pequeño espacio cotidiano y disponerse a seguir a Jesús. No solo por los caminos de Galilea sino hasta Jerusalén. No solo para ayudar en la misión sino para ser misión.
Confiar en Jesús y echar de nuevo las redes lo llenó de asombro, pero no fue eso lo que lo cambió. Lo que lo cambió fue descubrir, a través de ese hecho, quién era de verdad Jesús y qué suponía incorporarse a su misión.
Con circunstancias diferentes y ya lejos de los comienzos, los miembros de la comunidad lucana pueden encontrar en la figura de Pedro su propia experiencia y desde ahí discernir su camino de seguimiento y su implicación en la misión.
Descubrir a Pedro acogiendo la llamada de Jesús es, para ellos y ellas, un motivo de impulso para su propio proceso. Ellos y ellas también pueden escuchar a Jesús llamándolos/as a remar mar adentro, a no desfallecer en los intentos y seguir confiando en la Buena Noticia de Jesús en su propia realidad y en sus desafíos concretos.
Comentarios desactivados en El camino de la abundancia.
Comentario al evangelio del domingo 9 febrero 2025
Lc 5, 1-11
En forma de “relato de milagro”, el texto busca hacer un elogio de la confianza radical, como fuente de fruto abundante. La creencia cristiana deposita tal confianza en Jesús (en Dios), y anima a ello, queriendo mostrar el poder de su sola palabra, como si dijera: Basta creer en él para que obtengas un derroche de bienes.
Lo que choca, sin embargo, con la consciencia moderna es el hecho de situar la confianza “fuera” de nosotros, en un ser o en una fuerza externa a la que deberíamos someternos. Y, aunque es cierto que en ocasiones cae en una especie de locura autosuficiente, no lo es menos el hecho de que la humanidad acumula demasiadas experiencias dolorosas de sometimientos y alienaciones de todo tipo.
Más aún: desde mi punto de vista, las resistencias a depositar la confianza en alguien exterior no solo provienen de ese tipo de experiencias frustrantes, sino de algo más profundo, que late en todo ser humano, al menos en forma de intuición. Me refiero justamente a la intuición de que la Fuente de la confianza es una con lo que realmente somos. Quizás no se sepa formular, ni siquiera incluso reconocer, pero esa especie de “guía interior” sigue ahí: más allá de nuestra persona (yo), impermanente, frágil, vulnerable y con tendencias a la autosuficiencia egoica, percibimos en nosotros otra realidad, profunda, amplia, gratuita, incondicional, que es una con la Vida y que, a la vez, nos sostiene y nos constituye. No es necesario buscar fuera ni lejos, es inútil perseguir sustitutivos engañosos. Basta comprender nuestra verdad profunda y vivirnos en conexión y docilidad a ella.
Se entiende que el ser humano haya puesto -tienda a poner- la fuente de seguridad y de confianza fuera de sí mismo. No solo por la extrema vulnerabilidad que experimentó desde su propia aparición en el planeta, sino porque ese modo de hacer remite a la primera experiencia infantil, que quedó grabada a fuego e nuestras neuronas. El niño, más allá del narcisista sentimiento de omnipotencia infantil, sabe bien que su seguridad y su confianza dependen de los otros. No es extraño que ese mismo esquema perdure a lo largo de su existencia, aun adoptando diversas formas (religiosas o no). Con todo, aquella voz de la intuición seguirá clamando en nuestro interior invitándonos a regresar a “casa”.
Comentarios desactivados en Rema mar adentro (los peces muertos se los lleva el río)
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
01.- Relato de colorido eclesial
Esta narración de la pesca nula o abundante tiene un marcado colorido eclesial: el mar, la barca, las redes, los peces, la pesca son símbolos de tono eclesial…
Este texto refleja la experiencia de las primeras (y de todas) las comunidades cristianas: dificultades, galernas, noches, ineficacia pastoral, etc.
02.-La mar es siempre difícil y peligrosa.
La mentalidad bíblica consideraba la mar, como morada de Satanás y de las fuerzas contrarias a Dios.
Realmente el mar impresiona y agobia por su fuerza caótica y abismal, agobian las aguas abisales.
Tal es, por otro lado, el sentido del descenso a los infiernos (inferi: aguas inferiores) o aquello que se cantaba en el ofertorio de los funerales: Domine,Iesu Christe, Rex gloriæ libera animas defunctorum de poenis inferni et de profundo lacu: Señor JesuCristo, rey de la gloria, libra las almas de los difuntos delas penas del infierno y de las aguas del lago profundo.
El mar es el ambiente duro y peligroso en el que los hombres trabajan por sobrevivir.
En cierto sentido la existencia humana es una singladura, una travesía por un mar siempre caótico.
03.- Nos hemos pasado la noche, la vida sin pescar nada.
Podemos tener en la vida la sensación que tuvo Pedro y los primeros creyentes: nos hemos pasado la noche, la vida sin pescar nada… Podemos tener la misma impresión que tuvieron Isaías y Pedro: Soy hombre de labios impuros, poca cosa, soy un pecador.
Podemos tener la impresión de que hemos hecho poco o que hemos perdido el tiempo en la vida.
Una actitud de no pocos obispos ultramontanos de hoy en día es la de culpabilizar a las generaciones conciliares de haber deformado el cristianismo, de que todo lo que se trabajó en aquellos años no sirvió para nada y habéis perdido el tiempo y el cristianismo: lo que hicimos y trabajamos en tiempos del concilio y postconcilio fue contraproducente. Basta leer las reiterativas soflamas de algunos obispos.
04.- No temas. Por tu palabra…
Jesús le dice a Pedro -y a nosotros- lo mismo que se repite tantas veces en el Evangelio a Zacarías, a María, a los discípulos: no temas, no temáis.
No tengamos miedo. Echemos las redes, trabajemos por la Palabra del Señor.
Cuando Cristo está en la barca de Pedro y navega con nosotros en el mar de la vida, se pueden capear los temporales, incluso se pueden salvar personas (pescar hombres) en abundancia y sustraerlos a las garras del abismo y de la muerte.
05.- Rema mar adentro.
Jesús invita a sus compañeros, especialmente a Pedro, a remar mar adentro. En el mar de la vida hay que remar siempre. Solamente los peces vivos nadan contracorriente y “cuesta arriba”, los peces muertos se los lleva el río.
Remar mar adentro significa salir del puerto a mar abierta, salir de las propias seguridades y confiar en JesuCristo
No es lo mismo buscar la seguridad que confiar en la Palabra. El temperamento religioso y lleno de miedo busca la seguridad de sus dogmas, de sus ritos, de sus leyes. Las instituciones, el poder religioso y político buscan seguridad, el cristiano confía en la Palabra del Señor y rema confiadamente más adentro.
No es lo mismo seguridad que confianza.
Por tu Palabra, echaré las redes.
Fiarse de esa Palabra hace posible que acontezca lo impensable o, lo que es lo mismo, la utopía, la cual jamás será posible desde la lógica del pragmatismo y de la ley.
Fiarse de la Palabra de Jesús nos introduce en una dinámica nueva. Nos libra de nuestras prepotencias más o menos inconfesadas y nos hace descansar en la esperanza.
Comentarios desactivados en “Un discipulado que implica a toda la persona”, por Consuelo Vélez
De su blog Fe y Vida:
Comentario al evangelio del V domingo del Tiempo Ordinario 9-02-2025
La vida pública de Jesús se va caracterizando por su predicación
En ese contexto, comienzan las llamadas al seguimiento de los primeros discípulos: Simón Pedro y sus compañeros Juan y Santiago, hijos de Zebedeo.
Lo interesante es el diálogo que, valiéndose de la realidad de la pesca, hace que ellos comprendan algo más del seguimiento.
Será la confianza puesta en las palabras de Jesús la que lleve a Pedro y a sus compañeros a echar las redes y, es ahí, donde la abundancia de peces muestra la eficacia de la palabra de Jesús
Comienza así el discipulado de estos primeros seguidores de Jesús, no tanto asombrados por los milagros como, posiblemente, lo hacía la multitud, sino por el reconocimiento a la persona de Jesús por quien vale la pena dejarlo todo para seguir tras sus mismos pasos.
La gente se agolpaba junto a él para escuchar la Palabra de Dios, mientras él estaba a la orilla del lago de Genesaret. Vio dos barcas junto a la orilla, los pescadores se habían bajado y estaban lavando sus redes. Subiendo a una de las barcas, la de Simón, le pidió que se apartase un poco de tierra. Se sentó y se puso a enseñar a la multitud desde la barca. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
– Navega lago adentro y echa las redes para pescar.
Le replicó Simón:
– Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos sacado nada; pero, ya que lo dices, echaré las redes.
Lo hicieron y capturaron tal cantidad de peces que reventaban las redes. Hicieron señas a los socios de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Llegaron y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al verlo, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús y dijo:
– ¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador!
Ya que el temor se había apoderado de él y de todos sus compañeros por la cantidad de peces que habían pescado. Lo mismo sucedía a Juan y Santiago, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Jesús dijo a Simón:
– No temas, en adelante serás pescador de hombres.
Entonces, amarrando las barcas, lo dejaron todo y le siguieron
(Lucas 5, 1-11).
La vida pública de Jesús, según los evangelistas, se va caracterizando por su predicación, primero con mucho éxito -así como comienza este evangelio: “se agolpaban junto a él para escuchar la Palabra de Dios”-, pero después, esas multitudes van desapareciendo e incluso serán las que estén en su contra en los momentos finales.
En este contexto inicial de éxito, comienzan las llamadas al seguimiento de los primeros discípulos y aquí tenemos la llamada a Simón Pedro y a sus compañeros Juan y Santiago, hijos de Zebedeo. En realidad, el protagonista del texto es Simón porque es con quien se da el diálogo. De los otros dos solo dice que “les sucedía lo mismo que a Simón Pedro”. Podríamos pensar que el milagro por la abundancia de peces hizo que “inmediatamente” ellos siguieran a Jesús. Pero, en realidad, si vemos los textos anteriores a este, en el evangelio de Lucas, Jesús había curado a la suegra de Pedro y había hecho muchas otras curaciones. De ahí que sea algo -relativamente normal- que Jesús pueda subir a la barca de Pedro y desde allí siga la predicación a las multitudes.
Pero lo interesante es el diálogo que, valiéndose de la realidad de la pesca, hace que ellos comprendan algo más del seguimiento. La predicación de Jesús puede ser muy atrayente pero la realidad es contundente: no han pescado nada en toda la noche. Será la confianza puesta en las palabras de Jesús la que lleve a Pedro y a sus compañeros a echar las redes y, es ahí, donde la abundancia de peces muestra la eficacia de la palabra de Jesús. El contraste entre el desaliento de los pescadores y los frutos dados al poner la confianza en Jesús hace que Pedro reconozca su pequeñez o su ser un pecador, como dice el texto. De alguna manera está haciendo referencia al “temor sagrado” frente a la persona de Jesús, reconociendo quién es él realmente.
Comienza así el discipulado de estos primeros seguidores de Jesús, no tanto asombrados por los milagros como, posiblemente, lo hacía la multitud, sino por el reconocimiento a la persona de Jesús por quien vale la pena dejarlo todo para seguir tras sus mismos pasos. El dejarlo todo supone ese cambio de valores hacia el reino de Dios predicado por Jesús que implica a toda la persona en esa misión encomendada. A este mismo seguimiento nos sigue invitando hoy Jesús, seguirlo a Él, la novedad de su reino, la puesta en práctica de sus convicciones.
(Foto tomada de: https://radiorsd.pe/iglesia-en-marcha/echad-la-red-la-derecha-de-la-barca-y-encontrareis-2)
Comentarios desactivados en “Dios me necesita”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF
Comentario a la lectura evangélica (Lucas 5, 1-11) de la Misa del V Domingo del Tiempo Ordinario – 9 febrero 2025 -.
Todo vibra
Los postes del templo de Jerusalén vibran, porque Dios lo llena con el borde de su manto. E Isaías, fascinado, estremecido, sobrecogido por tanta belleza, mide la distancia entre su poca fe y la inmensa belleza de Dios.
Vibra de pasión el más pequeño de los apóstoles que defiende a la comunidad que ha evangelizado y que se ve perturbada por supuestos «superapóstoles» que denigran su anuncio, el primero de una larga serie de autoproclamados defensores de Dios.
Vibra el corazón de Simón, desencantado y cansado tras una larga e infructuosa noche de pesca, que se encuentra, él, hombre de cuerda y agua, de olor a pescado y noches en vela, escuchando a aquel carpintero perezoso y prestándole la barca.
Nuestros sentidos vibran, nuestra inteligencia, cuando bebemos en la Palabra que ilumina y dirige nuestra semana. Brújula para dirigir nuestra barca en estos tiempos de olas agitadas, de miedos no resueltos, de comunidades atribuladas.
Las jambas vibran, porque Dios llena nuestras pequeñas vidas.
La multitud se agolpaba a su alrededor para escuchar la palabra de Dios
Sedientos de palabras divinas, palabras que construyan, iluminen, orienten, animen, desvelen, sacudan, llenen.
Escuchan las reflexiones de los rabinos, de los curanderos, de los escribas, y las severas y creíbles de los fariseos, pero ninguna de las palabras apunta a Dios como las del Nazareno.
Ninguna de aquellas palabras acaricia el alma. La enciende. La provoca. Ninguna.
Así que se agolpan, se apresuran a ponerse a su lado. Han caminado durante horas, atraídos por las noticias del lago, y por fin se sientan, sedientos.
Y Jesús les sacia la sed.
Cuando alguien con sus palabras nos conmueve y nos empuja hacia un mundo nuevo, todo en nosotros florece.
Por supuesto, algunos nos manipulan, nos adulan, son vendedores, expertos en seducción.
Entonces sus palabras prenden primero, pero pronto se desvanecen y no dejan rastro.
Otros, en cambio, golpean como una sacudida en el alma.
Y nos cambian la vida.
Jesús es así. Porque dice las palabras de Dios.
Desilusiones
Mientras habla, ve con el rabillo del ojo a los que están arreglando las redes.
Están cansados, se da cuenta por sus gestos de fatiga. Imagina que están decepcionados al ver los cestos tristemente vacíos de peces. Guardan silencio. En sus corazones, probablemente están juzgando a ese perdedor de tiempo que arenga a las multitudes. Y a las multitudes que no tienen nada mejor que hacer que perder el tiempo escuchando a un idiota.
Y él decide involucrarlos. Necesita su barco.
Un vacío.
Les ruega que se alejen un poco de tierra… ¿O no será más bien que levanten un poco el vuelo?
Jesús le ruega a Simón. Es amable. Respeta su dolor. No irrumpe en su vida descaradamente. Sabe que, en determinados momentos de la vida, las palabras tienen peso. Y definitivamente pueden quebrar y destruir.
Lo mismo hace con nosotros, el Señor.
Nos alcanza al final de la noche. Cuando las cestas están vacías. Y todavía tenemos un día muy largo por delante para completar.
Sube a mi barca de viaje, encallada. Llena sólo de fracasos, de juicios negativos, de pecados, de decepciones, de amargura. Como sucede a menudo. Aunque seamos discípulos. Aunque lo hayamos sido durante mucho tiempo. Aunque, generosamente, hayamos entregado nuestra vida al Señor, gastándola por el Evangelio.
Y, con suavidad, pidiendo y suplicando, nos invita a movernos del puerto. Un poco, al principio.
Esa pequeña distancia necesaria para poder escuchar sus palabras divinas y no el sordo murmullo de nuestro desánimo y nuestras quejas.
Luego, cuando Pedro, y nosotros, empezamos a confiar, se atreve.
Despega… desapégate
No tiene sentido. No tienes fuerzas. Tal vez ni siquiera quieras. Pero la invitación es demasiado amable. Y comienzas.
Por tu palabra. Porque tus palabras me han sacudido.
Asombros
Pescan, y sucede. El barco casi se hunde, se necesita ayuda.
Todos están ocupados y excitados por la inesperada y superabundante pesca.
Todos menos Pedro. Éste se estremece. Sobrecogidos por el asombro, él y los demás, toma nota Lucas.
Asombrados y estupefactos. Las emociones se desbordan. Invaden cada rincón de su mente.
Jesús pidió una barca vacía. Se la devuelve llena.
El corazón de Pedro también se llena. Asustado.
¿Así que es eso? ¿Dios te ruega que lo ayudes? ¿Incluso cuando estás agotado, desmotivado y enfadado? ¿Incluso cuando ya no tienes fuerzas ni ganas? Sí, por supuesto.
Pedro ve su sombra frente a toda esa luz. Una sombra que Jesús ni siquiera mencionó. Que él no tuvo en cuenta. Vio la barca vacía. Vio su cara de decepción. Vio su limitación. Pero no se detuvo.
Ahora se arrodilla, Pedro.
Aléjate de mí, soy un pecador
Sí, lo eres. ¿Y qué? ¿De verdad crees, Pedro, que tus limitaciones limitan a Dios?
Ser consciente de las propias limitaciones es la mejor condición para acercarse a los hermanos, para convertirse en pescador de humanidad.
Somos nosotros los que quisiéramos ser puros y perfectos. Somos nosotros los que quisiéramos estar limpios y sin mancha. Y siempre aptos. Y coherentes. Y creíbles. Y admirables. Y ejemplares.
Dios necesita un barco. Mejor si está vacío.
Si está limpio de todas nuestras ansiedades y sueños de gloria.
Comentarios desactivados en Presentación de Jesús, Purificación de María y… Salida del armario
La reflexión de hoy es de Jason Steidl Jack, teólogo católico gay y profesor adjunto de Estudios Religiosos en la Universidad de San José en Nueva York. Es el autor de LGBTQ Catholic Ministry: Past and Present, publicado por Paulist Press.
Hoy la Iglesia celebra la Fiesta de la Presentación del Señor, también conocida como la Fiesta de la Purificación de María. La festividad se origina en Lucas 2:22-40, que relata la aparición de María con el niño Jesús en el templo para cumplir dos obligaciones religiosas: primero, la escritura requería que las familias hebreas ofrecieran a sus primogénitos varones como un sacrificio simbólico a Dios; y segundo, se esperaba que las mujeres que habían dado a luz pasaran por un sacerdote para restaurar su pureza ritual. Entonces, ¿qué tiene que ver la festividad con las personas queer?
A primera vista, celebrar la purificación de María parece misógino. Según la tradición hebrea, una nueva madre era considerada ceremonialmente impura, “como en el momento de su menstruación” (Lev. 12:2), durante los primeros siete días después del nacimiento de un niño, o durante 14 días después del nacimiento de una niña. Durante este tiempo, cualquier objeto o persona que tocara también se volvería ceremonialmente impuro. Estas reglas significaban que las madres jóvenes podían ser separadas físicamente de sus esposos y de algunos de los muebles de su casa. Durante 33 días adicionales después del nacimiento de un niño (66 días en el caso de una niña) la nueva madre tenía que esperar hasta “estar limpia de su flujo de sangre”. Durante este tiempo, Levítico insistía, “no tocará ninguna cosa sagrada ni entrará en el santuario hasta que se cumplan los días de su purificación” (Levítico 12:4).
Hoy en día, muchos podrían ver estas reglas como parte de un antiguo patriarcado que objetivaba y avergonzaba los cuerpos de las mujeres, especialmente durante la menstruación o inmediatamente después del parto. De hecho, la ley levítica mantenía a las madres jóvenes fuera de los espacios sagrados, pero también restringía su acceso al poder y la autoridad religiosa. Después de semanas de espera, una madre joven tenía que presentarse ante un sacerdote varón, quien sacrificaba un animal en su nombre para “hacer expiación” y restaurar su pureza ritual. Intencionalmente o no, la Torá limitaba el acceso de las mujeres a lo sagrado mucho más que el de los hombres.
Sin embargo, las académicas judías feministas señalan que la tradición hebrea significa mucho más que exclusión y dominación. En el mundo hebreo antiguo, la impureza ritual para hombres y mujeres era resultado del contacto con la muerte o la “pérdida de la vida potencial”, porque sólo los vivos pueden alabar a Dios, como observa el Salmo 115. La rabina Lauren Eichler Berkun explica que dar a luz en el mundo antiguo, como hoy, ponía en peligro la vida tanto de las madres como de los niños. Incluso cuando salía bien, el nacimiento siempre era “un encuentro con la muerte potencial” y, por lo tanto, exigía un tiempo de separación de la vida religiosa ritual. Desde esta perspectiva, la purificación de María habría sido un motivo de celebración, una forma de dar la bienvenida de nuevo a la tierra de los vivos a quienes habían estado cerca de tocar la muerte. La purificación era, en cierto modo, la afirmación de la nueva orientación relacional de la madre y el niño con todos los que los rodeaban.
Las personas queer experimentan algo análogo a la precariedad de dar a luz. Al igual que el embarazo, aceptar quiénes somos puede ser un proceso complicado que exige tiempo y atención. Salir del armario, como el nacimiento, suele ser complicado y lleno de peligros, percibidos y/o reales. Puede parecer que cada aspecto de nuestra vida espiritual y relacional se está desgarrando. Salir del armario en el momento equivocado o ante la persona equivocada puede amenazar las relaciones con la familia, los amigos y la iglesia que nos sostuvieron en el pasado. Para algunos, salir del armario puede sentirse como una especie de muerte, ya que muere el sueño de una vida “normal” y cishet*. Si sobrevivimos, es como una persona diferente, y puede que quede poco de cómo éramos antes.
Pero salir del armario, como dar a luz, también tiene sus recompensas: una nueva forma de ser y relacionarse con los demás. Para la persona queer, como Jesús y María en la historia de la Presentación, salir del armario pone fin al aislamiento y la vergüenza con el reconocimiento gozoso de la buena obra de Dios en nuestra sexualidad y nuestro ser. Salir del armario nos abre a ver y abrazar la salvación que Dios trae para transformar nuestro mundo para mejor.
Los autores del Evangelio relatan este espíritu de celebración en la segunda mitad de la historia. Imaginemos la alegría de Simeón, que, después de haber esperado toda una vida para recibir al elegido de Dios, tomó al niño Jesús en sus brazos y proclamó: «Señor, ahora despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra, porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado en presencia de todos los pueblos, luz para revelación a las naciones y gloria de tu pueblo Israel» (v. 29-32). La esperanza irracional del profeta dio paso a la experiencia de la alegría divina. La oscuridad del mundo fue iluminada de repente por el niño que trajo la luz.
Lucas también presenta a Ana, una viuda anciana que había estado viviendo y orando en el templo durante décadas. Cuando finalmente conoció a Cristo, su alegría era palpable para todos los que la rodeaban y ella “comenzó a alabar a Dios y a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén” (v. 38). Juntos, Simeón y Ana anunciaron el fin del peligro y el aislamiento que enfrentaron María y Jesús al dar a luz y anunciaron un nuevo comienzo para la sagrada familia.
La Presentación y la Purificación, por supuesto, no significan que los problemas de María y Jesús habían terminado. De hecho, Simeón advirtió que una espada atravesaría el alma de María, ya que Jesús estaba “destinado a la caída y al levantamiento de muchos en Israel y a ser un signo que será contradicho” (v. 34-35). Lo mismo sucede con quienes recorren el difícil camino de ser queer en este mundo. Nuestros corazones, como el de María, serán traspasados muchas veces, ya sea por nuestras propias penas o por las penas de los demás. Nuestras vidas y nuestros amores, nuestro ser mismo, pueden estar en clara contradicción con lo que el mundo espera de nosotros.
En la Fiesta de la Presentación, podemos regocijarnos de que el dolor y la vergüenza den paso a la luz y la vida. La separación de la comunidad y la cercanía a la muerte pueden persistir durante un tiempo, pero Dios, obrando a través de su hijo, Jesucristo, y del testimonio de María, nos da la bienvenida de nuevo a la abundancia de vida y a la plena afirmación de nuestra humanidad.
—Jason Steidl Jack, 2 de febrero de 2025
* cishet: una contracción común de “cisgénero y heterosexual”
Comentarios desactivados en Dom 2.2.25. Presentación de Jesús ante Dios. Saber morir (Simeón), querer vivir (María) (Lc 2, 22-32)
Del blog de Xabier Pikaza:
He comentado ya este pasaje el último día, insistiendo con cierta extensión en los personajes: Un antiguo Simeón guerrero vengativo y un nuevo hombre de paz, dispuesto a morir, para que el niño viva. Una judía antigua (Judit) que degüella con rabia al enemigo , y una nueva judía (María), dispuesta a sufrir, dejando que atraviese su alma la espada para que el niño-humanidad viva.
Vuelvo hoy al mismo motivo insistiendo en el himno del anciano Simeón, Nunc Dimittis, puedes dejar que tu siervo muera: la última oración de cada día de la iglesia, (completas, por la noche) y la tarea de espada de la joven madre María, con su compromiso a favor de la vida.
Supongo conocido el texto (Lc 2, 22-32). Váyase a la Biblia o léase m postal del último día. Piense cada uno en la función de los personajes: Simeón, anciano Israel que acepta la muerte, por bien de la humanidad que nace). Joven María, madre que asume el sufrimiento/espada y tarea de la nueva humanidad. Niño de Dios (Jesús) por quien celebran la fiesta el anciano y la doncella. Nosotros que somos la humanidad de Dios.
Comienzo hoy, 1.2.25 un pequeño curso sobre el evangelio de Lucas, impartido por el CELAM (Conferencia Episcopal Latino-American) desde Bogotá. Al final del tema dejo propaganda, por si a alguien le interesa. Al principio va imagen.
El tema de hoy empieza con el amor de Simeón que muere, con el dolor amante de María que empieza, la fiesta del fuego de Dios y la luz de Candelas.
| Xabier Pikaza
Simeón. Saber morir, el último servicio de la vida
Madre e Hijo han asumido según ley los sacrificios de la sangre (2, 27). Simeón vive tan sólo para desplegar su sacrificio de esperanza. Nada le mantiene atado al mundo viejo; no tiene cosa alguna que defender, ni ley que cumplir, ni patrimonio social o familiar que mantener. Es un verdadero israelita a quien sostiene sólo en vida la promesa del mesías, la nueva humanidad que ha de llegar.
Es evidente que un hombre como éste (de quien no se dice ni siquiera que es anciano) lleva en sí la ancianidad de la ley, toda la historia de Israel y de los hombres. Por eso sabe ver: allí donde los otros sólo han visto la escena familiar de un niño pobre, llevado al santuario por sus padres, él descubre al Cristo de Dios por su Espíritu. Toma al niño en brazos y canta la más bella canción de despedida:
Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz…,
porque han visto mis ojos tu Salvación,
luz para revelación de los pueblos
y gloria de tu pueblo Israel (Lc 2, 29-32)
Esta es canción de muerte y vida creadora para un buen israelita. Al decir a Dios que quiere (puede) ya morir, Simeón hace suya la historia del pueblo de la alianza: ha cumplido su tarea de vigía mesiánico en la historia de los hombres. Ha mantenido por siglos (milenios) la esperanza y ahora ha visto y ha palpado la presencia de Dios en un niño… (el tema de palpar a Dios a tientas es un elemento central del discurso de San Pablo en el areópago, Hch 17).
No conocemos a Dios ni le vemos con un kata-lejos y menos con un micro-scopio, sino que le vamos palpando a Dios hasta la ancianidad. Como portavoz de sus hermanos, buen israelita, gozoso de poder morir en paz, Simeón acoge y bendice al niño en sus manos. No podía haberse presentado de manera más hermosa el verdadero cumplimiento israelita.
Todo final es una muerte y Simeón es hombre que sabe (está dispuesto a) morir. Por eso, su canto de bendición de Dios con el niño en brazos es una verdadera ofenda de vida. Está dispuesto a morir ya, en amor colmado de esperanza, con todo lo que ha hecho y ha sentido a lo largo de los siglos el pueblo israelita. Con él termina el templo, se han cumplido ya los ritos de preparación; ahora sólo queda el nuevo porvenir del Cristo (en contra de aquellos israelitas que como los gobernantes del estado actual de Israel prefieren morir matando).
Sabe morir tras una vida cargada de esperanza: deja todo, absolutamente todo, para que se eleve así la luz mesiánica del Cristo. Esta es su palabra y canto, es la actitud de Simeón. Parece una actitud hermosa, muy judía, pero es claro que no todos los judíos se hallarán dispuestos a compartirla, uniendo como aquí se hace la luz de los gentilescon la gloria del pueblo de Israel (2, 32). Un tipo de luz, un tipo de fuego de candela tiene que morir (tema latente de Ex 3; muere porque no muere, se alegra muriendo).
Ahora puedes dejar a tu siervo morirse en paz, morir con gozo, cantando el último canto de la vida. Lo que muere así no es sólo Simeón; muere una forma de entender el pueblo israelita; acaba un tipo de templo, una experiencia de la historia y nacionalidad judía, tal como lo muestra toda la obra de Lucas (Lc y Hech).
Jesús suscita así una crisis de muerte y nuevo nacimiento. Para que el camino de promesa triunfe (en plano universal) tiene que morir Simeón (un modo de entender y de asumir el pueblo israelita de forma particular). Simeón acepta esa muerte, pero muchos judíos se alzarán con fuerza en contra de la crisis que Jesús suscita. Por eso, al vincularse al nuevo niño mesiánico, María misma queda dentro de esa crisis.
Ésta ha de ser la oración de nuestra iglesia-humanidad 2025.Sólo si estamos dispuestos a morir en paz, dando gracias a Dios, podremos vivir en lo que viene, es decir, en los que vienen. Sólo si muere nuestra iglesia podrá nacer la verdadera, la nueva iglesia.
-María debe aceptar su espada. María es Israel, es la iglesia, es la nueva humanidad (Lc 2, 33-35)
Simeón muere, no mata. Muere gozoso porque la historia cambia culmine, se consume y se consuma. Él representa al Israel que muere…. María, en cambio representa al Isael que nace, asumiendo la espada de la vida, con Jesús…,
Las palabras de Simeón crean gran sorpresa: son como una puerta que se abre al dolor de lo desconocido. Ellas no pueden discutirse o razonarse, nunca lograremos entenderlas, pues son como misterio de Dios que llega al alma, revelando su verdad más honda.
Así las reciben María y José, admirándose por ellas (2, 33). Simeón no les responde; simplemente les bendice (2, 34). Ha bendecido a Dios, dándole gracias por el niño que colma su esperanza y le permite ya morir en paz (2, 28). Ahora bendice a los padres (2, 34), pidiendo a Dios que ellos consigan cumplir bien su tarea, para estar acompañando al niño en los caminos de su crecimiento y entrega mesiánica.
Hasta aquí todo es normal: los padres (María y José) participan de la suerte y tarea del niño. Pero de pronto Simeón prescinde del padre José (como suponía la escena de las purificaciones: 2, 22-24) y se centra en el destino y suerte de la madre, asociándola de un modo abismalmente profundo con el hijo. Ella aparece aquí como el espejo limpio donde el futuro de Jesús puede mirarse: ella es su madre y a la vez su compañera. Leer más…
Comentarios desactivados en “Nadie está solo”. (Lucas 4,21-30)
Todavía hoy se da entre los cristianos un cierto «elitismo religioso» que es indigno de un Dios que es amor infinito. Hay quienes piensan que Dios es un Padre extraño que, aunque tiene millones y millones de hijos e hijas que van naciendo generación tras generación, en realidad solo se preocupa de verdad de sus «preferidos». Dios siempre actúa así: escoge un «pueblo elegido», sea el pueblo de Israel o la Iglesia, y se vuelca totalmente en él, dejando a los demás pueblos y religiones en un cierto abandono.
Más aún. Se ha afirmado con toda tranquilidad que «fuera de la Iglesia no hay salvación», citando frases como la tan conocida de san Cipriano, que, sacada de su contexto, resulta escalofriante: «No puede tener a Dios por Padre el que no tiene a la Iglesia por Madre».
Es cierto que el Concilio Vaticano II ha superado esta visión indigna de Dios afirmando que «él no está lejos de quienes buscan, entre sombras e imágenes, al Dios desconocido, puesto que todos reciben de él la vida, la inspiración y todas las cosas, y el Salvador quiere que todos los hombres se salven» (Lumen gentium 16), pero una cosa son estas afirmaciones conciliares y otra los hábitos mentales que siguen dominando la conciencia de no pocos cristianos.
Hay que decirlo con toda claridad. Dios, que crea a todos por amor, vive volcado sobre todas y cada una de sus criaturas. A todos llama y atrae hacia la felicidad eterna en comunión con él. No ha habido nunca un hombre o una mujer que haya vivido sin que Dios lo haya acompañado desde el fondo de su mismo ser. Allí donde hay un ser humano, cualquiera que sea su religión o su agnosticismo, allí está Dios suscitando su salvación. Su amor no abandona ni discrimina a nadie. Como dice san Pablo: «En Dios no hay acepción de personas» (Romanos 2,11).
Rechazado en su propio pueblo de Nazaret, Jesús recuerda la historia de la viuda de Sarepta y la de Naamán el sirio, ambos extranjeros y paganos, para hacer ver con toda claridad que Dios se preocupa de sus hijos, aunque no pertenezcan al pueblo elegido de Israel. Dios no se ajusta a nuestros esquemas y discriminaciones. Todos son sus hijos e hijas, los que viven en la Iglesia y los que la han dejado. Dios no abandona a nadie.
Comentarios desactivados en “Mis ojos han visto a tu Salvador”. Domingo 02 de febrero de 2025. Presentación del Señor. Ciclo C
Leído en Koinonia:
Malaquías 3,1-4: Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis. Salmo responsorial: 23: El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria. Hebreos 2,14-18: Tenía que parecerse en todo a sus hermanos Lucas 2,22-40: Mis ojos han visto a tu Salvador.
El domingo del tiempo ordinario que correspondería celebrar, se ve desplazado en este domingo por la celebración de «La presentación del Señor», fiesta del 2 de febrero. No importa demasiado, porque no estamos en un tiempo «fuerte» del año litúrgico, ni los domingos del llamado «tiempo ordinario», en el que estamos, guardan un sentido mínimo de secuencia que pudiera verse alterada. Aunque hace unas cinco semanas hemos celebrado la navidad, y hace menos de un mes el «bautismo del Señor» –en el que lo dejábamos ya con sus treinta años–, hoy, inesperadamente volvemos atrás, de un día para otro, para poner en el centro de la atención del foco litúrgico al niño Jesús presentado en el templo. Son cosas que la reforma litúrgica conciliar no se atrevió a «racionalizar un poco más». El 2 de febrero no es ningún aniversario histórico de la presentación de Jesús en el templo, de forma que se puede desligar perfectamente de esa fecha y ponerla en un lugar más razonable dentro del desarrollo del «año litúrgico». (Otro tanto pasa a varias fiestas y solemnidades, que nos traen y nos llevan hacia adelante y hacia atrás en el año litúrgico, sin más razón que la mera tradición de las fiestas litúrgicas populares).
Pero eso sería sólo uno de los problemas. Otro, más importante, situado a un nivel más profundo, es la plausibilidad misma de hacer de estas escenas de los evangelios de la infancia una celebración litúrgica tan importante que «vence sobre la celebración del domingo» correspondiente. ¿Estamos seguros de que el hombre y la mujer de hoy se sentirán bien al verse sorprendidos este domingo, al entrar este domingo en la Iglesia y ver girar todo en torno a la escena del niño presentado en el templo? Es bien conocida la escena para los biblistas e incluso para los cristianos laicos asiduos a la catequesis bíblica; ¿pero será una escena susceptible de montar sobre ella un mensaje inteligible para el hombre y la mujer de hoy? ¿O sería mejor que la arquitectura del año litúrgico se montara sobre una visión más amplia, más actual, menos encerrada en las páginas bíblicas? Creemos que sí. Y lo decimos, para no cooperar con nuestro silencio a la sensación falsa de que «aquí no pasa nada», todo está bien en la liturgia de la Iglesia católica, sólo son las personas cristianas descreídas las que van abandonando masivamente —por decenas, o centenas de millones— las que abandonan la práctica de la liturgia dominical.
Para quienes no comparten este punto de vista crítico, montar una homilía «tradicional» no les resultará difícil. Les recomendamos acudir a los comentarios bíblico-litúrgicos oficiales, o a las notas de la misma Biblia, e instalarse y sumergirse en el escenario de la «teología bíblica» propia de los evangelios de la infancia. Los oyentes habituales, ya acostumbrados, aprietan la tecla correspondiente, y son capaces de escuchar con toda naturalidad esa teología de hace casi dos mil años; tiene un encanto propio, que seduce y calma los espíritus. Quienes no gustan de ser retrotraídos al mundo mental de esas argumentaciones y representaciones —principalmente los jóvenes— hace tiempo que han abandonado la liturgia.
En cuanto a la historicidad del relato, de esta escena neotestamentaria, ya sabemos que se trata de una construcción teológica, escrita varias décadas después de cuando pudo tener lugar y, con toda verosimilitud, sin ningún recuerdo histórico de base; está construida toda ella, como es fácil adivinar, en función de reinterpretar al Jesús nazareno muerto en la cruz en el marco de esa visión profética y mesiánica de la que echa mano el texto del evangelio de hoy. Es bien conocido.
Por otra parte la Iglesia católica celebra hoy la Jornada de la Vida Religiosa.
En primer lugar muchos se preguntarán por qué escogieron (ha sido hace bien pocos años) por qué se ha escogido esta fecha-celebración para celebrar en ella la jornada de la vida religiosa. ¿Se preguntarán a quién preguntaron quienes decidieron, o si tales personas que decidieron eran miembros de la vida religiosa o si, al menos, la conocían. Porque todo parece indicar que la naturaleza de la vida religiosa es bien difícil de relacionar con esa escena del evangelio —si es que concebimos la vida religiosa con suficiente rigor—. A quienes quieran aprovechar la ocasión para presentar ante el pueblo de Dios una reflexión sobre ella, les será difícil —o demasiado artificioso— tratar de relacionarla con «la presentación del Señor». Será mejor que cambien los textos, o que sencillamente presenten el tema sin pretender crear una relación artificial con el texto.
La vida religiosa institucionalizada en la Iglesia no arranca desde el principio del cristianismo. Surgió espontáneamente, desinstitucionalizadamente, y fue sólo más tarde cuando se fue institucionalizando. Como tantas otras cosas, acabó no sólo institucionalizada, sino «cautiva» de la institución.
Puede ser bueno recordar que, hace sólo cincuenta años, hasta el Concilio Vaticano II, hablábamos de la vida religiosa en términos de «la vida de perfección en la Iglesia». Era el «estado de perfección», el más perfecto (poniendo aparte el estado episcopal, del que se decía que era el «estado de perfección adquirida», status perfectionis adquisiate, frente al de los religiosos, que sólo era estado de perfección por adquirir, status perfectionis adquirendae).
Con el Concilio implosionó toda aquella teología y se derrumbó sin dejar rastro, quedó totalmente abandonada, prácticamente de golpe. Comenzó a hablarse de los consejos evangélicos y del «seguimiento de Jesús». Era un nuevo camino, sin retorno; nunca volveríamos atrás.
Ya en el posconcilio surgió la teología de los carismas religiosos: cada «familia espiritual» en la Iglesia se constituye en torno a un carisma fundacional (gracia) otorgadi por Dios al fundador/a, no para él mismo/a, sino como una «gracia trasmisible» destinada a ser compartida con otros y prolongada en la historia mediante la misión de esa familia religiosa. Las congregaciones se volcaron —empujadas por la Iglesia misma— a la tarea de (re)descubrir el carisma de su fundador y su propio carisma. Esta teología de los carismas ha sido una creación realmente feliz y ha prestado un servicio muy interesante a la identidad y misión de las familias espirituales, de las congregaciones religiosas.
Pero podemos decir que ya está superada. Los tiempos han cambiado demasiado. La problemática conciliar ha quedado enteramente desplazada por nuevas cuestiones, muy profundas, que en aquellos tiempos no podían ser captadas ni imaginadas. Hace tiempo ya que la teología de la vida religiosa ha evolucionado hacia planteamientos más profundos y existenciales. La vida religiosa sería fundamentalmente radicalidad. Todos los humanos somos religiosos, tenemos esa dimensión profunda en nuestra existencia; pero hay personas en las que esa dimensión se convierte en central y dominante, hasta el punto de poner entre paréntesis dimensiones muy naturales y «normales» de la vida (matrimonio, paternidad/maternidad, independencia, proyecto familiar, y a veces profesionalidad civil). La vida religiosa se puede identificar por la «liminalidad» que representa en su realización (ese estar en el limen, en el límite de la experiencia religiosa.
Esta perspectiva ha ampliado notablemente el concepto de la vida religiosa, a saber: no se trata de un concepto netamente cristiano, sino profundamente humano; la vida religiosa no sería cristiana (no la fundó Jesús), sino que está presente en muchas religiones y es una realidad de la vida humana, incluso civil (hay formas y estados de vida en los que el sujeto hipoteca aspectos y dimensiones naturales «normales» de su vida, para vivir en la radicalidad del compromiso y de la entrega).
Dentro del cristianismo, la vida religiosa sería el seguimiento radical de Jesús. Y ahí surge una dificultad grave: la forma canónica de la vida religiosa católica no puede identificarse con esa definición, porque está marcada por una fundamental «cautividad institucional»: no pone, no puede poner todo bajo el seguimiento de Jesús; por encima de este seguimiento está en última instancia la autoridad incontestable e incuestionable de la institución eclesiástica. Los institutos religiosos han de ser aprobados canónicamente para existir. Una vez aprobados no son ya una iniciativa libre de seguimiento radical de Jesús, sino una institución canónica de la Iglesia católica, sobre la que siempre pesa la hipoteca de la sumisión a la autoridad eclesiástica, externa a la familia religiosa, por encima incluso de lo que los religiosos en cuestión perciban en conciencia como exigencia de la radicalidad, del seguimiento radical de Jesús. El conflicto de la profecía y la radicalidad de los religiosos frente a las imposiciones de las congregaciones vaticanas (para la vida religiosa o para la doctrina de la fe), lo hemos vivido clamorosamente en las últimas décadas: religiosos que se querían comprometer con los pobres, que elaboraban una teología profética, que renovaban sus constituciones en la línea de la espiritualidad de la liberación… y que no podían hacerlo porque, en Roma, los monseñores de turno —la mayor parte de las veces no religiosos— simplemente lo prohibían. En la iglesia católica la vida religiosa puede ser seguimiento de Jesús sólo hasta donde el derecho canónico lo permite y/o hasta donde la curia vaticana lo consiente, no seguimiento radical-liminal de Jesús. Es una de las reformas profundas pendientes en la Iglesia.
En esta situación, no tiene de extraño que haya muchas formas de «vida radical» fuera de la vida religiosa católica, en el amplio mundo del Pueblo de Dios: personas que entregan radicalmente su vida a causas generosas y desinteresadas, libres de mediaciones institucionales.
Será bueno aprovechar la homilía para exponer con claridad a los fieles, por unos pocos minutos, la naturaleza evangélica de la vida religiosa, y la necesidad de dejarle renovarse liberándola de toda cautividad institucional. Leer más…
Comentarios desactivados en 2.2.25.Luz de Dios, no venganza, de Simeón a Simeón, de Judit a María. Meditación de Candelas
Del blog de Xabier Pikaza:
El próximo domingo, 2.2.25 celebramos con la tradición el fin del tiempo de Navidad, la fiesta de la de la paz, vinculando a dos varones y dos mujeres: (a) Por un lado está Simeón “guerrero” de la venganza israelita, con Judit cortando el cuello al enemigo. (b) Por otro lado está Simeón, el anciano de la paz que acoge a Cristo en sus brazos niño diciendo “ahora Señor puedes dejar a tu siervo morir en paz y diciendo a su madre que llevará siempre la espada de Dios en sus entrañas
No es normal que esta fiesta que han celebrado hasta ayer nuestros mayores se olvide actualmente. Me parece justo retomarla como fiesta de la “candelaria” como día de paz, con el nuevo Simeón y con María, ante Jesús, Candela de paz.
| Xabier Pikaza
Introducción. La Biblia de las venganzas de Dios. IT
En la línea de mi postal r puede situarse la oración del Eclesiástico, que recoge testigo de la venganza de Dios:
Sálvanos, Dios del universo, infunde terror a todas las naciones… Despierta la ira, derrama la cólera, doblega al opresor, dispersa al enemigo… Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre; de Israel a quien nombraste tu primogénito; ten compasión de tu ciudad santa, de Jerusalén, lugar de tu reposo (Eclo 36, 1-2. 8-9. 17-18).
En esa línea puede situarse el motivo central de 2 Macabeos 14-15, pero en lugar de Antíoco IV hallamos al rey donde el general perverso cae vencido en el campo de batalla por Judas Macabeo el guerrero de la venganza de Dios. En un contexto semejante aparece Judit, la judía vengadora, que vende y mata (degüella) a Holofernes, guerrero infernal que que quiere destruir toda la tierra (cf. 2Mac 15,34-36; Jud 13, 9-10; 14, 6-13) [1].
Judit es la nueva la heroína de Israel, lo mismo que David en otro tiempo, al matar a Goliat y cortar su cabeza (cf 1Sam 17). Pero el tiempo de Judit ya no es tiempo de varones guerreros como “David (pues no los hay, todos están atemorizados), de mujeres fuertes que arriesgan su vida y alcanzan victoria con la ayuda del Dios de la venganza que se opone a Nabucodonosor, signo de los reyes opresores del mundo:
‒Por un lado está Nabucodonosor que se hace dios sobre la tierra, apareciendo así como enemigo del verdadero de Judá/Jerusalén. A su lado está Holofermes que representa el poder militar casi absoluto de ese rey anti-divino; da la impresión de que no tiene fallo alguno, no hay resquicio de debilidad en su estructura y fuerza combativa.
‒A otro lado está Judit, la bella y valiente judía que confía en el Dios verdadero y destruye el poder del falso y perversodios del mundo. Frente al poder brutal de los pueblos viene a triunfar la fe superior de la mujer, conforme a un tema expresamente desarrollado en 3 Esdras 3-5: fuerte es el vino, más fuerte el rey (guerrero), pero más fuerte todavía la mujer activa.
De esta forma, reflejando la política del tiempo, el libro nos introduce en la complejidad de los poderes humanos. Lo mismo que David, bello muchacho, venció con su honda frágil al durísimo guerrero Goliat, Judit, viuda bella “pero” religiosa, derrotó con la panoplia de su seducción al invencible general asirio, en el momento de suprema confusión del pueblo, cuando las autoridades de la ciudad simbólica (Betel/Betulia) deciden entregarse al enemigo, si las cosas no mejoran (Jud 7). Ella es la que dicta la más honda lección de teología vengadora a los judíos sitiados, pidiendo tiempo para realizar suplan. Ellos lo conceden, sin saber de que se trata (Jud 8), un plan que ella (descendiente de Simeón, el vengador antiguo) presenta ante Dios en oración:
Señor Dios de mi padre Simeón a quien pusiste en la mano la espada, para vengar a los extranjeros que violaron la matriz de una virgen para mancharla, que desnudaron sus partes para vergüenza y profanaron su matriz para deshonra; aunque tú habías dicho (no se actúe así! ellos lo hicieron. Por eso entregaste sus jefes a la muerte; y su lecho, envilecido por su engaño, con engaño quedó ensangrentado; heriste a esclavos con sus señores y a los señores con sus tronos. Entregaste sus mujeres al pillaje, sus hijas a la cautividad; y todos sus despojos fueron repartidos entre tus hijos queridos.
Aquí está los asirios, crecidos en su fuerza, orgullosos por sus caballos y jinetes, ufanos con el vigor de su infantería confiados en sus escudos, lanzas, arcos y hondas; no reconocen que tú eres el Señor que pones fin a las guerras. Tu nombre es Señor: destruye su poderío con tu fuerza, aplasta con tu cólera su dominio. Porque han decidido profanar tu santuario, manchar el tabernáculo donde descansa tu nombre glorioso, echar abajo con la espada los cuernos de tu altar. Mira su arrogancia, descarga tu ira sobre sus cabezas, pon en mi mano de viuda la fuerza para hacer lo que he pensado.
Aplasta por la seducción de mis labios al esclavo con el señor y al señor con su criado; quebranta su altivez por mano de una mujer. Pues tu poder no está en el número ni tu imperio en los poderosos; sino que eres Dios de los humildes, defensor de los pequeños, protector de los débiles, animador de los desanimados, salvador de desesperados… Haz que todo tu pueblo y todas las tribus conozcan y sepan que tú eres el único Dios, Dios de toda fuerza y poder y que no hay nadie que proteja a la raza de Israel fuera de ti (Jud 9, 2-14) [2].
Judit ha puesto su oración y gesto sobre el trasfondo de una historia de durísimo talión: Simeón y Leví vengaron antaño la “afrenta” de Dina, su hermana, violada/utilizada por Siquem el cananeo. Ellos, Simeón y Leví, mataron a todos los varones del lugar, después de haberlos engañado y debilitado con astucia, en un gesto que el libro del Génesis condena o, por lo menos, no ensalza (cf. Gen 34, 30-31; 49, 5-7). Pues bien, la nueva teología judía (cf. Jub 30; Test Leví) rehabilita a Simeón: es bueno vengar con sangre la afrenta de sangre que se hace a los judíos.
La oración de Judit asume y reelabora aquella saga de la venganza de Simeón actualiza y repetida por Judit, que degüella con engaño al cruel pero simple Holofernes. Desde este fondo ha de entenderse la oración que vincula el gesto de Simeón y el de Judit. En ese contexto ella define al Señor como Dios de Simeón, Dios de venganza:
‒Dios de Simón, Dios de Judit (Jud 9, 2-4).Éste es el Dios de Finés/Pinjás, sacerdote vengador, que mata al hebreo que pacta con la cananea (Núm 25,7-11 y a Ex 2,23). Este es el Dios de la judía (Judit) que emerge como nuevo Simeón, pidiendo la ayuda de Dios, Señor celoso que protege el honor de su pueblo para engañar y destruir a los contrarios. Como los hijos mayores de Jacob/Israel (Simeón y Leví) debían vengar, por ley tribal, a la hermana maltratada, así Judit, heroína mayor de Israel, pide a Dios venganza y se dispone a castigar a los extranjeros: matar a sus jefes y herir a esclavos con señores, entregando al pillaje a todas las familias enemigas. Sobre un fondo de fidelidad y celo de Dios, que cuida de la suerte de su pueblo, emerge aquí la más violenta acción de engaño/guerra. El Dios de Judit es salvación por la venganza astuta; es expresión de la debilidad (Judit) hecha más fuerte que la pura fuerza de Holofernes.
‒ Dios eterno de venganza (Jud 9,5-6). Eternidad significa continuidad salvadora; el gesto de liberación y venganza, realizado en otro tiempo a través de Simeón, viene a convertirse en paradigma de su acción perpetua (la de antes, la de ahora, la de luego). Por eso, cuando Judit eleva su plegaria ante la omnipotencia y omnisciencia de Dios no se presenta ante algún desconocido, sino ante el Dios de la historia de su pueblo. En este contexto, se expresa la acción del Dios eterno, que diciendo hace las cosas en contra del dios falso, Nabucodonosor/Holofernes que dice y no cumple lo dicho (cf. 2,1-13). Éste es el Dios de la guerra santa, el Dios militar de Sión y de la tradición guerrera de Israel, de la que Judit toma los pensamientos y palabras de su plegaria (cf. Ex 15,1-17 y 1 Rey 18-19).
En ese contexto, los enemigos asirios (en realidad los babilonios) aparecen como anti-Dios, la fuerza estatal divinizada, el poder militar que pretende aparecer como absoluto. Estrictamente hablando, ellos son el ídolo supremo, signo del hombre que se vuelve antivino por la conquista y la venganza. Ellos son el Son pecado siempre repetido: se colocan en lugar de Dios y quieren destruir su santuario/tabernáculo/altar, es decir, los tres signos privilegios de la presencia divina en el mundo, conforme a la visión israelita. Contra ellos emerge el Dios Israelita, representante de una fuerza y venganza más alta:
‒Sólo Dios es el Señor, Kyrios de la historia. Este es el Dios que, conforme a la experiencia de la guerra santa (en cita de Ex 15,3 LXX), pone fin a toda guerra; no necesita luchar por medio de un ejército; no se apoya en los soldados y las armas, como los asirios, sino que demuestra su poder a través de la debilidad de Judit, mujer vencedora.
‒ Judit es mediadora de la victoria/venganza de Dios. Ella es débil, una simple viuda(Jud9,9), mujer que debía hallarse sometida a la violencia o prepotencia de otros. No empuña la romphaia o espada cortante de su padre Simeón (9,2); pero tiene buena mano y puede actuar; tiene labios de mentira(apatês) y desea engañar para matar a los perversos. Esto es lo que ofrece a Dios, esto es lo que pone al servicio de su pueblo: una mano de viuda/mujer, una astucia de labios seductores.
En vez de Judit, matando a Holofernes, viene María con la paz de Cristo su hijo
Así lo ha entendido y presentado el evangelio de Lucas en la escena de la purificación/presentación de María y de su hijo. Ella es la nueva Judit (pero con un sentido inverso/adverso). Pero en vez de encontrarse con el patriarca Simeón, héroe de la venganza de Israel, ella se encuentra en el tempo con un anciano de paz, símbolo del verdadero Israel, llamado también Simeón:
22Cuando se cumplieron los días de su purificación,según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor…25Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel… Le había sido revelado por el Espíritu Santoque no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. 27Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, 28Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 29«Ahora, Señor, según tu promesa,| puedes dejar a tu siervo irse en paz.3 0Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: 32luz para alumbrar a las naciones | y gloria de tu pueblo Israel».33Su padre y su madre estaban admiradospor lo que se decía del niño (Lc 2, 22-33)
Éstos son los temas princípiales de la escena: Paz para Israel, luz para las naciones… Éste es el día de la Candela, lluz de Cristo, luz de su madre Israel, salvación para los pueblos, verdadera purificación…Así lo ratifica Simeón, el israelita piadoso que toma en brazos entonando su canción de despedida:
Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz…,porque han visto mis ojos tu Salvación,luz para revelación de los gentiles y gloria de tu pueblo Israel (Lc 2, 29-32)
Al decir a Dios que quiere (puede) morir, Simeón hace suya la historia del pueblo de la alianza: Ha cumplido su tarea de vigía mesiánico, ha mantenido por siglos (milenios) la espera y por fin ha visto y ha palpado al portador de la salvación que es Jesús, gloria de Israel y revelación, luz para los gentiles. Todo final es muerte y Simeón que lo conoce, está dispuesto a morir, sabiendo que esa muerte (la del Cristo, la suya como israelita) es para bien/luz de los gentiles y gloria de Israel (las dos cosas van unidas, morir y ser luz para los gentiles).
Por eso, el canto de bendición de Simeón a Dios con el niño en brazos es un culto de amor y vida universal, de israelitas y gentiles a la vez, no de unos contra otros. El anciano Simeón está dispuesto a morir ya, en amor colmado de esperanza, con todo lo que ha hecho y ha sentido a lo largo de los siglos el pueblo israelita, con todo lo que han buscado y sufrido los gentiles.
Con Jesús termina el tiempo del templo, se han cumplido los ritos de preparación particular de Israel, sólo queda el por-venir universal de Dios en Cristo que nace como niño, para empezar la nueva humanidad desde la infancia. Lo que así termina no no es sólo la vida de Simeón; sino una forma de ser israelita; un tipo de templo, una experiencia de historia y nacionalidad particular judía, tal como lo muestra la obra de Lucas (Lucas y Hechos).
Jesús suscita de esa forma una crisis de muerte y nuevo nacimiento, en forma de conocimiento y comunicación, de vida compartida y de resurrección. Para que el camino de las promesas (de la búsqueda de Israel) se cumpla de un modo universal tiene que morir Simeón, pero sigue viviendo en María, la madre de Jesús que asume en su corazón/alma de creyente la vida y destino de todos los hombres, como le dice Simeón, del modo más solemne:
Tu hijo es signo de caída y resurrección de muchos en Israel,una señal controvertida (σημεῖον ἀντιλεγόμενον),y a ti misma una espada atravesará el alma (τὴν ψυχὴν),para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones(ἐκ πολλῶν καρδιῶν διαλογισμοί., cf. Lc 2, 35)
Cristo, Hijo de María, será causa de caída (muerte) y resurrección, de fracaso y cumplimiento del Primer Testamento en el Segundo, de muchos de Israel, a favor o en contra de la Iglesia. No todos se alegrarán de su venida; no todos cantarán ante él, no todos entonarán el himno de muerte del anciano israelita, sino que muchos se alzarán en contra del mesianismo de Dios y perderán al fin su vida (su esperanza). Esta ha sido la experiencia más sangrante de la iglesia antigua, tal como aparece en los evangelios de Marcos y Mateo, tal como la revive Pablo y como Lucas la recoge luego en Hechos. El mismo Jesús que ha venido a ofrecer la paz para Israel se ha convertido en principio de lucha, controversia y muerte para muchos judíos.
Una paz que se alcanza por dolor…
Jesús será bandera o señal discutida; ante ella se alzarán, litigarán unos con (contra) otros, judíos de un tipo y de otro. Lo que antes fue gozosa esperanza (todos se unirán, transformados) viene a convertirse en voz de llanto, profecía de desdichas. Precisamente aquí se inscribe la tarea y respuesta de María. La batalla por Jesús viene a librarse dentro de su alma o psiché de María, que ilumina por dentro con Cristo, de forma que en ella se expresan los pensamientos de muchos corazones, en camino de sufrimiento y vida de los hombres, a quienes Jesús ilumina con su vida. Leer más…
Este año 2025, el 4º domingo del Tiempo Ordinario cede el puesto a la fiesta de la purificación de María y de la presentación de Jesús en el templo. La Presentación recuerda que Dios es el autor de la vida, y se simboliza con la ofrenda del primogénito, de acuerdo con la ley contenida en Éxodo 13,2.11-12. La Purificación, que la mujer, al dar a luz, ha estado en contacto con algo misterioso; ha quedado «impura», aunque no en el sentido de haber hecho algo malo o haber contraído una mancha; tiene que purificarse, como prescribe Levítico 12,1-8.
Hoy día, nadie entiende que una mujer quede «impura» por haber tenido un hijo y deba ofrecer algo en compensación. En cuanto a la ofrenda del primogénito, aunque el cristiano está convencido de que la vida es don de Dios, no ha sido educado en la necesidad de expresarlo mediante la entrega del primogénito y su posterior rescate.
Los textos de la liturgia ofrecen seis imágenes complementarias de Jesús. Imaginemos a cinco personajes (Malaquías, un salmista, el autor de la Carta a los Hebreos, el anciano Simeón, la profetisa Ana) que ven entrar al niño en el templo. Cada uno emitirá su opinión sobre cómo lo considera y lo que espera de él.
El mensajero terrible y purificador (Malaquías 3,1-4).
Así dice el Señor:
-«Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar –dice el Señor de los ejércitos–. ¿Quién podrá resistir el día de su venida? ¿Quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.»
Las primeras frases encajan muy bien con la fiesta de hoy: la entrada en el templo de Jesús. Pero el tono cambia de repente. No es una venida pacífica y festiva. Viene a purificar a los levitas, responsables del culto, cuyo comportamiento deja mucho que desear. Esta segunda parte sería más fácil relacionarla con la purificación del templo llevada a cabo por Jesús al principio de su vida (según Juan) o al final (según los Sinópticos). La lectura podría interpretarse como anuncio de lo que ocurrirá más tarde. Según Lucas, Jesús solo va dos veces al templo: ahora, cuando niño, y antes de morir, para purificarlo. Aunque Malaquías se dirige a los levitas, nos invita a todos a examinar si hacemos al Señor nuestra ofrenda como es debido.
El rey de la Gloria (Salmo 23)
Este salmo se cantaba probablemente cuando el Arca de la Alianza entraba en el templo. Aplicándolo a Jesús, se repite como un estribillo que él es el Rey de la Gloria.
El Señor, Dios del universo, es el Rey de la gloria.
¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra. R/.
¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios del universo. Él es el Rey de la gloria.
Un hermano de nuestra carne y sangre (Hebreos 2,14-18)
A diferencia del Salmista, el autor de esta carta subraya la humanidad de Jesús, que lo hace igual a todos nosotros. No es un ángel. Y esa igualdad le permite morir y sufrir, dos cosas esenciales en la vida humana; y con ello, ser compasivo y auxiliar a los que pasan por la prueba del dolor.
Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.
El que da sentido a mi vida (Simeón)
A través de este anciano perfecto Lucas transmite un mensaje a todos los cristianos: lo único que da sentido a su vida es esperar al Mesías; cuando lo tiene en sus brazos, ya puede morir en paz.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.»
Luz de las naciones, gloria de Israel (Simeón)
«Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
Simeón es también profeta y puede revelar algo nuevo Jesús: será luz de las naciones. Un israelita de pura cepa que no se encierra en los privilegios de su pueblo sino que tiene una visión universal. Mensaje muy actual en esta época donde el nacionalismo puede desembocar en el tribalismo. En esta imagen de la luz se basa la fiesta de hoy y el rito complementario de la procesión de las candelas (La Candelaria). La liturgia da un enfoque muy personal a esta idea, relacionando los cirios encendidos con la práctica del bien para «llegar felizmente al esplendor de tu gloria». Sin embargo, las palabras de Simeón (y de Isaías) tienen un alcance universal que no podemos perder de vista.
Una bandera discutida (Simeón a María)
«Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Como profeta, Simeón también conoce el futuro de Jesús («será una bandera discutida»). El rey de la Gloria, luz de las naciones, gloria de Israel… no será aceptado por todos. Muchos (la mayor parte del pueblo judío) se le opondrá. Esta oposición la sufrirá también María, a la que una espada traspasará el alma, y, consiguientemente, a todos los cristianos.
El libertador de Israel (Ana)
«Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.»
Curiosamente, la visión más política de Jesús la propone una anciana piadosísima, que ha pasado ochenta y cuatro años (12 x 7) de viudez entre ayunos, oraciones y visitas al templo. Pero, cuando ve a Jesús, «hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel»: liberación de los romanos, destitución de Herodes y de sus descendientes, eliminación de las autoridades injustas. «Para servir al Señor libres de nuestros enemigos», como rezaba Zacarías.
Quienes no dicen nada: Los padres de Jesús.
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Lucas tiene mucho interés en presentarlos como judíos piadosos, observantes de la Ley de Moisés. Una forma indirecta de responder a quienes acusan a Jesús y a los cristianos de despreciar las leyes y tradiciones judías. Pero Lucas, cuando Simeón habla del niño como Salvador de todos los pueblos y gloria de Israel, añade un dato desconcertante: «José y María, la madre de Jesús, estaban admirados por lo que se decía del niño». ¿Cómo pueden admirarse después de lo anunciado por Gabriel a María, después de una concepción y un parto virginales, después de lo que han contado los pastores? Podríamos decir que la admiración procede de ver cómo se acumulan títulos sobre Jesús: Gabriel lo presentó como rey de Israel; el ángel, a los pastores, como «el Salvador, el Mesías, el Señor». Simeón rompe los límites de Israel y lo presenta como «luz de las naciones». Lucas, a través del asombro de José y María pretende que también nosotros nos asombremos de lo mucho que significará ese pequeño niño de cuarenta días.
Comentarios desactivados en 02 de Febrero, 2025. Domingo IV del Tiempo Ordinario. La Presentación del Señor.
“Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz; porque mis ojos han visto ya tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos…”
Este domingo viene de la mano de la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo y es, además, el día de la vida consagrada.
El fragmento del evangelio que nos presenta la liturgia de esta fiesta nos muestra a Simeón, un “hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él”. Podemos sentirnos identificadas e identificados con Simeón, ver en él a una persona que espera, o mejor dicho, una persona que tiene esperanza. Dice el texto que aguardaba el consuelo de Israel y el Espíritu Santo moraba en él.
Ojalá fuésemos así todas las consagradas y consagrados, toda persona bautizada. Estoy convencida de que si nuestro anhelo profundo fuese el consuelo de nuestra humanidad y nuestro interior estuviera lleno de la Santa Ruah nuestra Iglesia sería diferente y la vida consagrada muy distinta.
Y lo es cuando te encuentras con alguien que vive así su consagración. Sí, por ahí hay muchos “Simeones”, hombres y mujeres que aguardan con los ojos bien abiertos. Personas que tienen “un algo” que atrae y provoca admiración.
Personas consagradas que desde la sencillez y la cotidianidad dejan en nuestra vida un poquito de Dios. Aquella religiosa que nos enseñó las primeras letras. Quienes nos llevaron de campamentos y acompañaron nuestra adolescencia. Una monja o un religioso que ha sabido escucharnos. A quienes hemos visto orar o les hemos pedido que oren por nosotros o por los nuestros.
Oración
Conduce, Trinidad Santa, a la Vida Consagrada por los caminos de la honradez y la misericordia, llena a las personas consagradas de tu Espíritu para que sean un verdadero Consuelo para la humanidad.
Comentarios desactivados en La verdadera salvación no vendrá de fuera, ya la tenemos dentro.
DOMINGO 4º (C)
Lc 4,21-30
Seguimos con el tema del domingo pasado. “Hoy se cumple esta escritura”, pero no va a ser como esperan los de su pueblo. En todos los evangelios se habla de los milagros de Jesús como manifestación de su divinidad pero, a la vez, se critica que pretendan poner en las curaciones la salvación ofrecida por Jesús. Una salvación por el poder de Dios, directo o a través de un intermediario, no tiene sentido. Seguimos arrastrando la idea de un dios todopoderoso que pondrá su poder a mi servicio si cumplo unos requisitos.
Hoy se cumple esa Escritura en cada uno de nosotros. Dios la cumple siempre sin tener que hacer nada. Que se cumpla hoy depende exclusivamente de mí. Por no tener en cuenta estos dos planos, la religión nos ha metido por un callejón sin salida y nos ha hundido en la miseria. Seguimos esperando que Dios haga que me toca hacer a mí. Soy yo el que tengo que preguntarme: ¿cumplo yo hoy esa escritura que acabáis de oír?
La Iglesia, ya desde muy pronto, prefirió potenciar en Jesús la idea de Hijo de Dios y se olvidó de la de Mesías; aunque está claro que en los orígenes querían decir lo mismo. Así, la salvación que se pensaba como acontecimiento que debía darse en la historia, se convirtió en la salvación trascendente y ahistórica para el más allá. El mordiente que encerraba la imagen del Mesías se disolvió como un azucarillo. Jesús ya no necesita hacer presente la liberación desde la historia sino desde la estratosfera de su divinidad.
Hemos leído: “todos le daban su aprobación y se admiraban”. Pero hay una alternativa: El verbo (martyreo) = dar testimonio, que se traduce por “dar su aprobación”, cuando está construido con dativo, significa “testimoniar en contra”. Por otra parte, (thaumazo) = Admirarse, significa también extrañarse. La traducción sería: “todos se declaraban en contra, extrañados del discurso sobre la gracia (para todos) que salía de sus labios”. Así cobra sentido la respuesta de Jesús, que de otro modo, parece que inicia él la gresca.
La importancia de suprimir la última frase del texto de Isaías queda más clara con la explicación que da hoy Jesús. Tiene que rectificar el texto de Isaías, pero menciona a otros dos profetas que avalan esa aparente mutilación. Elías y Eliseo son ejemplos de cómo actúa Dios con relación a los no judíos. Para entenderlo hoy, podíamos decir que Elías atendió a una viuda libanesa y Eliseo a un general sirio. ¡Qué poco han cambiado las cosas! La atención a la viuda de Sarepta y Naamán el sirio deja en evidencia la pretensión de salvación exclusiva que los judíos, como pueblo elegido, pretendían.
El evangelista quiere subrayar que este argumento contundente, no solo no les convence, sino que provoca la ira de sus vecinos que se sienten agredidos porque les echa en cara su ceguera. La tradición de Mc, que copia Mt, no hace alusión ni al texto de Isaías ni a Elías y Eliseo. Esto indica la intención de recalcar la oposición de sus paisanos. Los primeros cristianos se esforzaron por proponer a Jesús como continuación del AT aprovechando cualquier resquicio para demostrar que en él “se cumplen las Escrituras”. Jesús sobrepasó, con mucho, todo lo que pudieron insinuar las Escrituras.
¿No es este el hijo de José? La razón para rechazar las pretensiones de Jesús es que es uno del pueblo, conocido de todos. La grandeza de Jesús está en que, siendo uno de tantos, fue capaz de descubrir lo que Dios esperaba de él. Jesús no es un extraterrestre que trae de otro mundo poderes especiales, sino un ser humano que saca de lo hondo de su ser lo que Dios ha puesto en todos. Habla de lo que encontró dentro de sí mismo y nos invita a descubrir y vivir en nosotros lo mismo que él descubrió y vivió.
El primer rechazo que sufre Jesús en Mateo no viene de los sumos sacerdotes ni de los escribas o fariseos, sino del pueblo sencillo. Sus paisanos ven que no va a responder a las expectativas del judaísmo oficial, y se enfadan. Cualquier visión que vaya más allá de los intereses del gueto (familia, pueblo, nación) será interpretada como traición a la institución. Las instituciones tienen como primer objetivo la defensa de unos intereses frente los intereses de los demás. Incluso nuestra manera de entender el ecumenismo responde, la mayoría de las veces, a esta dinámica contraria al evangelio.
No pueden aceptar un mesianismo para todos. Ellos esperaban un Mesías poderoso que les iba a librar de la opresión de los romanos y a solucionar todos los problemas materiales. Si Jesús se presenta como tal liberador, ellos tenían que ser los primeros beneficiarios de ese poder. Al darse cuenta de que no va a ser así, arremeten contra él. El odio es siempre consecuencia de un amor imposible. El evangelista echa mano del AT para demostrar que los profetas ya habían manifestado esa actitud de Dios a favor de los extranjeros. Quiere decir que su mensaje no es contrario ni ajeno a la Escritura.
El Dios de Jesús no puede tener privilegios, ama a todos infinitamente. Dios no nos ama por lo que somos o por lo que hacemos. Dios nos ama por lo que Él es. Ama igual al pobre y al rico, al blanco y al negro, al cristiano y al musulmán, a la prostituta y a la monja de clausura, a Teresa de Calcuta y a Bin Laden. En algún momento de esta escala progresiva nos patinarán las neuronas. Es más de lo que podemos aguantar. Nos pasa lo que a los paisanos de Jesús. Mientras sigamos pensando que Dios me ama porque soy bueno, nadie nos convencerá de que debemos amar al que no lo es.
Jesús viene a anunciar una salvación de todas las opresiones. Pero esa salvación no depende de Dios ni de un intermediario sino de cada uno de nosotros. Su salvación no va contra nadie, sino a favor de todos. Ahora bien, no debemos ser ingenuos, lo que es buena noticia para los oprimidos, es mala noticia para los opresores. De ahí que, en tiempo de Jesús, y en todos los tiempos, los que gozan de privilegios se opongan a esa práctica liberadora. Si no estamos dispuestos a liberar al oprimido, somos opresores.
Tenemos que comprender que el opresor no hace mal porque daña al oprimido, sino que hace mal porque se hace daño a sí mismo. El que explota a otro le priva de unos bienes que pueden ser vitales, pero lo grave es que él mismo se está deteriorando como ser humano. El daño que hace le afecta al otro en lo accidental. El daño que se hace a sí mismo le afecta en lo esencial. El que muere por mi culpa puede morir repleto de humanidad; pero yo, al causar su muerte, me hundo en la más absoluta miseria.
¿Hemos caído en la cuenta de que lo único que puede garantizar mi religiosidad es el servicio a los demás? ¿Nos hemos parado a pensar que sin amor no soy nada? Ahora bien, el único amor del que podemos hablar es el amor a los demás. Sin éste, el amor que creemos tener a Dios, es una falacia. La única pregunta a la que debo contestar es esta. ¿Amo sin exclusión? Sin amor, nuestra vida cristiana se convertirá en un absurdo.
Meditación
Ignoramos lo que realmente somos.
Tú eres, como Jesús, ungido.
Estás capacitado para la tarea que debes realizar.
Cuando despliegues tu verdadera salvación,
estarás en condiciones de ayudar a otros a encontrarla.
Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.
Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.
El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.
Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada.
no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.
Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.
Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.
Nuevos Miembros
Para unirse a este grupo es necesario REGISTRARSE y OBLIGATORIO dejar en el FORO un primer mensaje de saludo y presentación al resto de miembros.
Por favor, no lo olvidéis, ni tampoco indicar vuestros motivos en las solicitudes de incorporación.
Comentarios recientes