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“El Padrenuestro y la oración”, por Gabriel María Otalora

Viernes, 28 de marzo de 2025

123a1e1cd1f20ed130070a69cc206178De su blog Punto de Encuentro:

No es fácil orar. La prueba es que los amigos de Jesús le pidieron que les enseñara a orar (Lc 11, 1). Y Él les enseño lo que hoy llamamos el Padrenuestro (no dice Padre mío), una llamada a sentirnos hermanados al dirigirnos al Padre, sintiéndonos comunidad universal. Resulta significativa la importancia de orar con actitud de mejorar y desde la confianza absoluta en Dios. Mucho se ha escrito sobre el Padrenuestro, pero de tanto repetirlo, corremos el riesgo de desvalorizar su contenido. Veamos:

Padre nuestro que estás en los cielos. Comienza como una oración de adoración, de reconocimiento humilde y agradecido a Dios, al que Jesús llama Padre de manera cariñosa, y nos pide que nosotros hagamos lo mismo.

Santificado sea tu nombre. Lo santo entendido como una realidad poderosa y salvadora diferenciada de lo profano, del “del único santo” al que pedimos que se nos manifieste en su bondad y en su misericordia, en su santidad. Él da a conocer su gloria, y sus hijos dan testimonio y alabanza de ella.

Venga tu reino. Jesús nos invita a entender el reino de Dios -amor, misericordia, gratuidad, compasión, alegría…- como un regalo, y a la vez como invitación a anhelar el Reino en nuestras vidas, a abrirnos a su presencia sanadora. Es una petición y a la vez una actitud de poner de nuestra parte para que el Reino se haga presente por nosotros que somos las manos de Dios; se llama también evangelizar.

Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Aceptamos que nuestros planes son menos importantes que los de Dios. Y que así como en el cielo se realiza la voluntad de Dios, le pedimos que también en la Tierra, se haga sólo su voluntad. Que confiamos en Él y en su infinita sabiduría y, por lo tanto, implica la humildad de hacer su voluntad poniendo en práctica sus enseñanzas, preferentemente con los más necesitados.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Para evitar la tentación de acaparar, de tener el pan material y espiritual asegurado siempre, al tiempo que hemos de pedir y preocuparnos por el pan de cada día de los demás, el suficiente para vivir dignamente. La oración confiada al Padre es la única manera de superar la ansiedad.

Perdónanos nuestras ofensas. Es importante que reconozcamos nuestras faltas y las pongamos delante de Dios, y pidamos perdón de corazón a la persona ofendida “antes de presentar nuestras ofrendas en el Templo”. Es una parte esencial en el camino de la conversión… Perdonar siempre, no hasta 3 veces, como se acostumbraba en el judaísmo.

Así como también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden. El perdón de Dios no es la respuesta al perdón del ser humano, sino la condición que lo hace posible (Matteo Crimella): del perdón gratuito de Dios a nuestra responsabilidad de perdonar a los hermanos. Porque si Dios nos ha perdonado a nosotros todas nuestras ofensas, quienes somos nosotros para no hacer lo mismo con los demás.

Y ayúdanos a no caer en la tentación. Que la tentación no sea más fuerte que nosotros, no nos abandones en ella. Dios no tienta, al contrario, Jesús también fue tentado. No confundir que Dios nos tienta con que Dios nos pone a prueba a veces para que nos reconozcamos en nuestras verdaderas y más profundas intenciones.

Más líbranos del mal. Dios es todo poderoso y le pedimos su abrigo y su socorro para evitar que el mal se apodere de nuestras vidas. El mal en el sentido más amplio posible cuya manifestación nos aleja del bien, hechos como estamos a imagen y semejanza de Dios.

PADRE NUESTRO QUE ESTÁ EN NUESTROS CORAZONES

Grande entre nosotros sea tu nombre

Hazte próximo a nosotros y a nuestras vidas

Que seamos a tu imagen y semejanza

Ante los avatares de la vida.

Procúranos el alimento necesario cada día

No tengas en cuenta nuestros olvidos y malas acciones

Y haz que tratemos por igual a nuestros semejantes.

No permitas que seamos soberbios y altaneros

Y ayúdanos a levantarnos cada vez que caigamos. Amén.

*

Iñaki Herrero Lekue

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“Conversión cuaresmal, tan cerca y tan lejos”, por Gabriel María Otalora

Miércoles, 12 de marzo de 2025

IMG_0323De su blog Punto de Encuentro:

Conversión cristiana, hay que repetirlo, es tomar la decisión de un cambio de orientación personal en nuestra manera de sentir y pensar. Significa deseo de trabajarnos en nuestro interior para influir en los demás de otra manera, con nuestras acciones y omisiones. La Cuaresma es el tiempo especial para mejorar, así de fácil… decirlo, cuando lo que aprieta es el apego excesivo al placer y al consumismo.

La actitud de fondo que solemos pasar por alto, es trabajar este cambio interior desde el encuentro con el amor de Dios, que es lo que nos transforma. El Papa Francisco deja claro que el desapego en nuestra fe no es un fin en sí mismo, sino que tiene como objetivo lograr algo más grande: la comunión con Dios para compartirlo con nuestros semejantes; esto es evangelizar tras encontrarnos con “el tesoro escondido”.

A veces parece casi como si Dios callara justo cuando hemos dado el paso para acercarnos a Él; es entonces cuando a veces surge la tentación de creer que es imposible convertirse de verdad, que es tan difícil que la Cuaresma pierde su sentido y que la Buena Noticia se diluye con lo que esto supone para vaciar la tarea evangelizadora. Pero sentir no es saber. El que sabe, espera en Dios en clave de amor esperanzado

Ante los momentos de desánimo, de duda, y también de incoherencias, el Papa nos recuerda el valor de la oración y el don gratuito de su amor. La conversión es una gracia, y es necesario pedirle a Dios que nos ayude a perseverar en este cambio a mejor ante las tentaciones. El desánimo es parte del camino. Por eso mismo, las oraciones de petición en esta dirección son las que el Espíritu escucha y atiende siempre… pero dejando a Dios ser Dios respetando sus tiempos.

La metamorfosis espiritual es un proceso continuo. Requiere introspección y compromiso diario. Se trata de una transformación interna que nos impulsa a amar a Dios y por extensión, amar a nuestros semejantes. Nos hemos quedado, me parece, en el activismo social, loable y necesario, pero desprovisto de la actitud que Jesús nos mostró para hacer lo mismo. Aquí radica algo esencial: poner el acento en el cómo hacemos las cosas: la escucha activa, la sonrisa del corazón, la paciencia con quien se desahoga; trabajar nuestros defectos, limar las faltas de delicadeza, de maledicencia, de desconsideración.

No se trata solo de evitar el mal o cumplir con normas externas, signos de algo que debe anidar en nuestra interioridad. En este sentido, los musulmanes entienden mejor el Ramadán que nosotros la Cuaresma. No es un rito sino una purificación. Hemos llegado a no comer los viernes carne (picada) y sustituirla por pescado (rodaballo) perdiendo el sentido profundo de este tiempo purificador.

La mejor penitencia es domeñar nuestro interior a favor de quienes nos rodean, por amor a Dios. Misericordia quiero, y no sacrificios… lo recuerda el profeta Oseas en el AT. No es nuevo… Lo que ocurre es que nos viene mejor sacrificarnos en nuestras costumbres consumistas en lugar de cambiar nuestro estilo de vida. Lo esencial, repito, es la mejora personal, nuestra interioridad, procurando actitudes de bondad y compartiendo más y mejor nuestro tiempo y nuestro dinero; es difícil, y por eso la Cuaresma duda lo que dura como tiempo de reparación y de preparación para vivir el Triduo Pascual como se merece.

Este año 2025, Francisco nos exhorta a que dirijamos la mirada y el corazón especialmente a centrarnos en la verdadera compasión ante realidad de los inmigrantes y los refugiados, y en general con todos los vulnerables. La segunda mirada compasiva es a vivir la sinodalidad o la vocación de la Iglesia a caminar unida entre diferentes. En este sentido, el Papa advierte sobre el peligro del individualismo y subraya la importancia de escuchar, acompañar y trabajar en comunidad, sin dejar a nadie atrás. Es una manera esencial de vivir mejor nuestras comunidades eclesiales. Qué verdes estamos en esto…

Finalmente, el Papa nos invita a que vivamos la Cuaresma 2025 con verdadera esperanza cristiana, la que no defrauda si se vive como un estado anímico, como una orientación vital de que todo tiene sentido por encima de los sucesos intramundanos. A confiar plenamente en Dios desde nuestra necesidad de su perdón que transforma. Porque si no hay futuro en nuestro corazón, es imposible apasionarse.

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“Cómo rezar el Padre nuestro”, por José Ignacio González Faus

Martes, 11 de marzo de 2025

cruz-recordatorio-padre-nuestro-1-153De su blog Miradas Cristianas:

Comprendiendo lo que significa cada petición

NB.-Como enseñaba Jesús (Mt 6,7) las palabras en la oración no son necesarias para dirigirnos a Dios. Pero lo son para crear comunidad entre nosotros y para dirigírnoslas a nosotros mismos y comprometernos. Sigue aquí una propuesta para rezarasí la oración que nos dejó Jesús y evitar convertirla en una fórmula mágica o en una recitación vacía.

Abbá, Padre: como los niños bien conscientes de la total superioridad de sus padres, pero que acuden a ellos con absoluta confianza llamándole papa o papi, nos atrevemos a pedir:

Que resplandezca y no sea profanado tu Nombre de Padre. Es decir: que desaparezcan todas las armas que nos configuran como enemigos y nos impiden ser hijos de un mismo Padre; y que tantas veces las hemos defendido apelando a Ti.

Que venga tu Reino: el reinado de la libertad de hijos y la igualdad de hermanos. Es decir: que no construyamos un progreso montado sobre víctimas [1]; que desaparezcan las riquezas que destruyen la igualdad, y las dictaduras que niegan la libertad. Y que ricos y dictadores recuperen su humanidad perdida, para que en tu mundo no haya hambre, ni miseria ni esclavitud.

Que se cumpla Tu voluntad en esta tierra como se cumple en tu cieloEs decir: que no idolatremos el derecho secundario de propiedad y sepamos que cuando alguien tiene dignamente y sobriamente cubiertas sus necesidades, todo lo demás que posee pertenece a quienes lo necesitan y él lo está robando [2]. Que desaparezcan las “patrias” que nos vuelven idólatras, las infidelidades de cualquier género, el tráfico de personas, el rechazo a los inmigrantes y las diferencias por razones de origen, raza, cultura o sexo (machismos y violencias).

Danos hoy a todos nuestro pan de cada día.

Y eso quiere decir: que construyamos una civilización de la sobriedad compartida y, para ello, que los salarios legales sean además justos: porque “quien no paga el salario justo derrama sangre[3]; que se acabe el consumismo de unos que impide comer a otros, y que desaparezca ese 1% de personas con tanta fortuna como más del 50% de la humanidad.

Perdona nuestras culpas como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Es decir: que sepamos reconocer nuestro pecado antes que el de los demás. Y que se acabe la usura de las instituciones prestatarias y la necesidad de endeudarse para sobrevivir [4]. Y que desaparezca esa deuda “eterna” del tercer mundo.

No nos dejes caer en la tentaciónQue no caigamos en esa seducción de las necesidades falsas y de la publicidad convertida en propaganda embustera, que apela a nuestros más bajos instintos. Y que sepamos sobreponernos a los malos ejemplos de tantos “triunfadores”.

Y líbranos del malLíbranos de nuestro ego que tanto nos esclaviza y del pecado estructural que nos envuelve. Amén.

[1] “La historia se ha construido s0bre víctimas. Ya lo dice Hegel en su Introducción a la filosofía de la historia” (Reyes Mate).

[2]La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para los ricos. La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera la propia necesidad cuando a los demás les falta lo necesario (Pablo VI, Populorum progressio 22).

[3] Libro bíblico del Eclesiástico, 34,22.

[4]Quien presta con usura y acumula intereses, no merece vivir por haber cometido esas abominaciones” (Ezequiel, 18.13). “Señor, ¿quién puede vivir contigo? El que no presta dinero a usura, ese nunca fallará” (salmo 15, 1.5.6).

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“Una Cuaresma provocativa e impertinente”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Viernes, 7 de marzo de 2025


16769253897000De su blog Kristau alternatiba (Alternativa cristiana):

Me gustaría introducir la Cuaresma ofreciendo algunas ideas pastorales, junto con algunas consideraciones deliberadamente provocadoras. Impulsos visionarios –no me atrevo a llamarlos proféticos– para desear que todos vivamos un tiempo incómodo, que nos escandalice, que nos sorprenda y nos obligue a perder el control sobre las situaciones, sobre las certezas que hemos acumulado. Lo cual nos lleva a buscar no solos sino, a través del Espíritu, junto con las comunidades a las que servimos.

Un tiempo que en sí mismo no quiere dar respuestas, sino abrirnos a preguntas generadoras, preguntas para habitar en estos cuarenta días. No son las respuestas las que desencadenan las conversiones, sino las preguntas reales y auténticas. No es el cómo ni el qué lo que nos mueve: estos son ámbitos que nos hacen sentarnos, problematizar, a sentirnos aplastados…

Es el “por qué”, o “el cómo sería si”, lo que se convierte en la pregunta generadora de todo espíritu narrativo, como bien lo describió Paul Ricoeur en su ensayo “Tiempo y narración”: la acción metafórico-simbólica rompe la referencia descriptiva, liberando una radical poder que nos cuenta nuestro ser-en-el-mundo. Se genera una impertinencia, pero ésta se realiza y alcanza una significación ontológica (conversión profunda del ser) sólo si se metaforiza el verbo ser mismo y nos percibimos como un ser-como o un ver-como, ampliando nuestra existencia.

Es precisamente a las obras de ficción a las que debemos en gran medida la ampliación de nuestros horizontes de existencia. Las obras literarias representan la realidad aumentándola con todos sus significados gracias a la capacidad de abreviación, saturación y culminación, maravillosamente ilustrada por la construcción de la trama”.

La Cuaresma, tiempo que nos exige atravesar la oscuridad de la existencia para llegar renovados a la luz de la Resurrección, se caracteriza en la tradición cristiana por tres grandes «signos» o «prácticas de conversión»: la limosna, la oración y el ayuno.

Estas prácticas, como indica Jesús en el Sermón de la Montaña -Mt 6,1-18-, tienen una doble función: por una parte son condiciones que favorecen un proceso de cambio profundo, por otra son expresión tangible de esta transformación que no es sólo fruto del compromiso personal, sino que encuentra su fuente en el Padre.

Estos tres «signos» no sólo son importantes para cada creyente en el camino de la conversión, sino que tienen un valor que podríamos definir «pastoral» y, por tanto, válido para la comunidad cristiana. Para nosotros son tres movimientos que deben interpelarnos, tres signos de impertinencia espiritual capaces de ampliar nuestra existencia. La Cuaresma no es un tiempo de mortificación, sino de expansión, de liberación de una muerte que ha ocurrido, pero que aún no hemos procesado.

Sí, ha muerto una época. Sí, ha muerto un modelo de Iglesia, ha muerto un cristianismo y sus formas. Liberémonos de ese hedor que, si no lo percibimos, es indicio de muerte interior. He aquí el poder de la impertinencia que puede darnos un empujón: como un interrogante provocador que reanima un corazón «lento y dormido» -es la expresión que usa Lucas para describir el corazón de los dos de Emaús- para ayudarnos a levantarnos de nuevo y vivir la nuevo que ya esta aquí.

1.- La limosna

Una característica de la práctica de la limosna descrita por Jesús es el secreto del gesto de caridad. La eficacia de esta práctica está directamente ligada a la capacidad de descentralizar y actuar en secreto, dando así al otro el lugar principal.

Desde el punto de vista pastoral, esto podría significar operar una sana descentralización desde nuestros centros pastorales: desde las Curias, desde las parroquias, desde las oficinas centrales,…, para dar ‘secretamente’ a las comunidades cristianas esparcidas por los territorios la posibilidad de crecer en libertad.

Si antes en el centro estaban los motores que hacían funcionar la máquina diocesana o parroquial o congregacional o…, ahora se trata de lograr que se desarrollen experiencias semiespontáneas, difundidas entre los lugares de la vida ordinaria. ¿Tan ilusorio es cambiar por el simple hecho de no cambiar?

¿Por qué no aceptar el escándalo o la impertinencia de reducir los cargos de una Congregación, Diócesis, Curia,…, a sólo tres o cuatro? ¿El escándalo de dejar de utilizar términos como Director, Colaborador, Oficina, Superior,…? Si estoy llamado a animar y desarrollar un área o zona, ¿qué utilidad tienen estas expresiones y los modelos que hay detrás de ellas? ¿Cómo sería una Curia compuesta sólo por 4 áreas -sólo a modo de ejemplo-: generatividad, fragilidad, responsabilidad, belleza…-) en las que injertar el ADN de la acción divina/pastoral (liturgia, caridad y anuncio)? Dividir lo que debería estar unido por su naturaleza genera ciertas patologías pastorales que están ante nuestros ojos. ¿Y qué sería si dentro de cada área, en lugar de un director, tuviéramos un referente/responsable de la liturgia, uno de la caridad y uno del anuncio dentro de un juego trinitario, relacional, recíproco?

Por supuesto, esta perspectiva exige una decisión firme y segura de “perder el control”, renunciando a la estabilidad de las estructuras y los programas. Pero quizá abre algún espacio para ese secreto tan querido por el Padre, que prefiere la gratuidad y la libertad del don.

2.- La oración

El Señor Jesús nos invita a redescubrir una intimidad profunda en la oración y a no perdernos en demasiadas palabras, yendo directo a lo esencial. La oración es un vínculo íntimo con el Padre que los cristianos, como hermanos y hermanas, cultivan como fuente de su ser y de su actuar.

Pastoralmente, esta “intimidad perdida” representa un estilo que hace fructífera la oración y las relaciones comunitarias. Se trata, ante todo, de volver a poner en el centro la atención al crecimiento de cada bautizado, procurando que todas las energías contribuyan al redescubrimiento de este don para la vida de cada persona.

Se trata también de hacer más cálidas nuestras comunidades, ofreciendo un contexto vital adaptado al dinamismo bautismal de cada persona, superando el anonimato, el elitismo y la indiferencia que a veces se cuelan en las rutinas de la vida comunitaria.

Se trata de poner las relaciones en primer lugar, descuidando todo lo que no vaya en esa dirección y que constituye un factor de pura administración y de mera gestión. Saber recuperar la dimensión trinitaria. ¿Quizás en las últimas décadas hemos exaltado demasiado el principio de la encarnación por encima del trinitario? ¿Tal vez la primera fue más aceptable para el individuo y el hombre autodidacta de la cultura occidental? ¿Quizás esto nos ha llevado a dejar en un segundo plano la dimensión narrativo-relacional de la experiencia espiritual?

Durante mucho tiempo hemos utilizado términos como ‘lejos’ y ‘cerca’ sin ser conscientes de que el uso de estas categorías establecía una distancia con la curia, con la parroquia, con…, y no con Cristo, pensando que la curia, la parroquia,…, era el centro. ¿Tal vez deberíamos cambiar de categorías? ¿Por qué lejos y cerca? ¿No podríamos hablar de ‘caliente’ y ‘frío’ y reconocer que un tal Zaqueo era un ‘distante cálido’, y que muchos trabajadores (¡el término lo dice todo!) son vecinos fríos o tibios?

Todavía tenemos una visión funcional y espacial (control y gestión). En nuestra cabeza siempre tenemos la idea de un centro… de donde emanan acciones. ¿Por qué? Un centro pulsante que da sentido al resto o un punto hacia el que converger y en todo caso hacia el que fluir. ¿Por qué? ¿Qué pasaría si no fuera un centro, sino un conjunto de nodos? En una era líquida quizá no basta un centro sino una red de nodos y cada nodo es un centro, un espacio de sentido que contiene el todo trinitario.

Las metáforas quizá ya no sean válidas. Pensar en la Iglesia como un cuerpo en un tiempo dinámico y fluido sería pura ideología: una visión organicista hoy superada en todos los contextos humanos. Una gran comunidad no se construye “ladrillo a ladrillo”. No es la proximidad física la que genera pertenencia y comunidad.

A veces nos dicen que una acción más cálida y relacional produciría comunidades de élite. ¿Quizás no nos damos cuenta de que nuestras comunidades hoy son puramente elitistas? ¿Por qué, por ejemplo, en un contexto parroquial de 5.000 habitantes sólo una parte muy pequeña se siente parte y experimenta una pertenencia significativa a la comunidad?

En una comunidad “cálida”, incluso un no creyente o una persona en búsqueda de sentido puede encontrar un espacio fértil de vitalidad. En el calor de las relaciones auténticas se crea espacio para el discernimiento y estamos mejor preparados para aprender la novedad del Evangelio.

3.- El ayuno

Por último, es necesario hacer espacio. El ayuno pastoral es liberación de todo lo que estorba y obstaculiza la acción impredecible del Espíritu. Se trata de reducir la saturación de las agendas pastorales para dejar espacio a lo que todavía no se entiende o no se puede ver.

Hay algunas actividades que hoy ya no tienen relevancia o ya no producen los resultados deseados. Provocan pesadez y provocan gran gasto de energía. Si queremos que las cosas cambien verdaderamente, si queremos redescubrir un nuevo entusiasmo por la misión evangelizadora, es necesario experimentar nuevas experiencias pastorales y liberar nuevas energías.

Para quien lidera una comunidad hoy es necesario encontrar el coraje de no llenar la agenda de septiembre a junio, saber salir y estar dispuesto a perder. Nuestro tiempo no está hecho para dar pasos graduales y lineales con cautela, sino que hoy necesitamos una discontinuidad generativa. ¿Es tan sabio hoy un camino lento y gradual? Quizás estaba bien en un contexto estable. En el contexto actual, en lugar de proceder mediante planificación, ¿no es quizás más apropiado actuar a través de pequeñas experiencias que permitan respirar a lo nuevo, aceptando el error en la búsqueda de lo mejor y no en la gestión de lo soportable?

Pero sobre todo es imprescindible dejar algo atrás. Ésta es la dinámica de la Pascua: para resurgir hacia la nueva luz es necesario pasar por la oscuridad del sepulcro. Para una verdadera renovación eclesial es esencial dejar de lado el viejo paradigma pastoral que hoy ya no es eficaz.

Es de desear que vivamos cuaresma pascual, es decir, no como un tiempo de mortificación sino de liberación, tratando de vivir esas condiciones de conversión que son ya signo de esa novedad que el Espíritu va introduciendo en la Iglesia: descentralizando sin miedo a perder el control, redescubriendo la intimidad y el calor en la experiencia comunitaria y haciendo espacio para experimentar nuevos paradigmas pastorales capaces de testimoniar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo la belleza del Evangelio.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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Dios conoce nuestros silencios

Viernes, 21 de febrero de 2025
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Creemos que no sabemos rezar. En el fondo, no tiene importancia, porque Dios escucha nuestros suspiros, conoce nuestros silencios. El silencio es toda la oración y Dios nos habla en un soplo de silencio, nos alcanza en esta parte de la oración. “Una soledad interior que ningún ser humano puede llenar”.

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Hno. Roger de Taizé

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“Yo confieso. Y salve”, por Gerardo Villar

Martes, 18 de febrero de 2025
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jesus-abraza-a-joven-fotoEstamos en un gran tribunal. En el centro y arriba, Dios. Alrededor y bajando María, los ángeles, santos y la comunidad de hermanos. Confesamos a Dios Todopoderoso. Que nos perdone. Pero como no nos fiamos y tenemos miedo, pedimos a María, a los hermanos, a los santos, a los ángeles que intercedan por nosotros. Los tenemos como abogados defensores.

¿Es que no confiamos en Dios? ¿No le sentimos como perdonador, siempre y en toda ocasión? Él es siempre perdón. De nosotros depende si aceptamos su perdón o no.

No lo rezo porque me fío y confío en Padre misericordioso que sale en todo momento a mi encuentro como hijo pródigo y confío en su perdón y en que me concede su anillo porque me ama siempre y en toda ocasión.

Me fío de Dios todo bondadoso y misericordioso. Es como en la Eucaristía cuando rezo: “Señor, sí soy digno de que entres en mi casa porque una palabra tuya ha bastado para sanarme”. Lo veo más como positivo.

Y da la impresión de que en el sustrato de la Iglesia prevalece el sentido de pecado. No nos anuncia la alegría de Dios.

Lo podemos ver en otra oración muy popular “LA SALVE”: “Desterrados en este valle de lágrimas”. Tan triste es la vida… LO que fue un género literario se acepta como verdad de fe y la manifestamos en el rezo. Y además pedimos ayuda a María para que seamos dignos de “alcanzar”… Con Jesús resucitado todo nos es posible.

Me gustaría más un rezo positivo. Como, lo digo a todas horas, el “Magníficat”. Reconocernos bendecidos por Dios y colmados de su Amor en el mundo de los pobres y desvalidos. Me lleva más al compromiso con Dios en bien de los hermanos.

Me gustaría cambiar las oraciones de nuestra fe.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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“Antes del amanecer… Jesús se retiró al desierto a orar”

Sábado, 8 de febrero de 2025
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La oración une al alma con Dios. Aunque nuestra alma sea siempre semejante a Dios por su naturaleza, restaurada por la gracia, de hecho a menudo se distancia de su semejanza a consecuencia del pecado. La oración nos muestra que el alma debe querer lo que Dios quiere; reconforta la conciencia; la hace apta para recibir la gracia. Dios nos enseña así a rogar con una confianza firme de que recibiremos aquello por lo que rezamos; porque nos mira con amor y quiere asociarnos con su voluntad y con su acción benéficas. Nos incita pues a rezar por lo que le agrada; Parece decirnos: “¿Qué es lo que podría gustarme más que veros rezar con fervor, sabiduría e insistencia con el fin de cumplir mis deseos?” Por la oración pues, el alma se une con Dios.

Pero cuando por su gracia y su cortesía, nuestro Señor se revela a nuestra alma, entonces obtenemos lo que deseamos. En este momento, no vemos otra cosa que debamos pedir. Todo nuestro deseo, toda nuestra fuerza están totalmente fijos en él para contemplarlo. Es una oración elevada, imposible de sondear, me parece. Todo el objeto de nuestra oración es estar unido, por la visión y por la contemplación, a aquel al que rogamos, con una alegría maravillosa y un temor respetuoso, con una dulzura y deleite tal que no podemos rogar más, en estos momentos, que por done Él nos conduce.

Lo sé, cuanto más Dios se revela al alma, más tiene sed de él, por su gracia. Pero cuando no lo vemos, entonces sentimos la necesidad y la urgencia de rogar a Jesús, a causa de nuestra debilidad y de nuestra incapacidad.

*

Juliana de Norwich
(1342-después de 1416)

reclusa inglesa
Revelaciones del amor divino, cap. 43

Lentz, Julian Of Norwich

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“Oramos con los sentidos”, por Miguel Ángel Mesa

Viernes, 7 de febrero de 2025
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De su blog Otro Mundo es posible:

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Lo que oímos, lo que vieron nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos, eso os lo anunciamos ahora para que nuestra alegría sea completa
(1Jn 1-4).

Oramos con los ojos abiertos, mirando de frente a la existencia, sin miedo, sin recelos ni prevenciones, sin apartar la mirada, para dejarnos impactar y traspasar por la realidad y todo lo que conlleva. Con una mirada agradecida y atenta a los imperceptibles milagros cotidianos, a los destellos de humanidad y de esperanza, a lo pequeño, humilde, sencillo y despreciado, frente a lo excesivo, célebre, opulento y prestigioso.

Oramos con las manos dispuestas para el encuentro, el abrazo, el trabajo conjunto; para estrechar y entrelazar otras manos; para dar nuestro apoyo y alentar ante el desconsuelo. Manos que cuidan, sanan heridas, ayudan a sobrellevar las cargas de los demás, escriben cartas de ánimo e ilusión, construyen hogares de puertas abiertas y los pintan con los colores del arcoíris y la bienvenida.

Oramos con los oídos atentos a quien está abatido, para caminar a su lado; aquien sufre la desilusión, el abandono, la soledad, el miedo, para ofrecer nuestro consuelo o quedarnos a su lado en silencio; a quien ha perdido a un ser querido, para acompañar con lágrimas su duelo; y a quien se siente alegre, confiado, dichoso, para celebrar juntos su regocijo.

Oramos con el tacto, acariciando con ternura y cariño, dejando así manifestarse nuestro amor y amistad; dejándonos la piel por el otro, la otra, cuando nos necesita; aprendiendo de las personas y las circunstancias que nos hacen sentir en nuestra propia piel el frío o el ardor, la pasión o la ausencia, el triunfo o el fracaso, la cercanía o el abandono…

Oramos con el gusto cuando compartimos la alegría de una comida familiar o entre amigos, el brindis final o del inicio de un nuevo recorrido; por el nacimiento de una nueva vida o por la existencia de alguien que nos ha dejado, para que la revivamos y guíe nuestros pasos.

Oramos con el olfato cuando nos atrapan nuevos olores, fragancias que dan otra esencia a la vida; cuando descubrimos que algo nos huele mal y nos mostramos más atentos y alertas; cuando nos sorprende el aroma vital de otra persona, que nos anima a confiarnos y atraer por su ejemplo; cuando el hedor de la injusticia, el maltrato, la exclusión nos invitan a perfumar el ambiente con la solidaridad, la compasión, la sororidad/fraternidad y la paz.

Oramos con el corazón en la mano, para brindarlo (“yo vengo a ofrecer mi corazón”), pues no hay dicha mayor que sentir cómo dos o más corazones se unen y acompañan en el arduo y apasionante camino de la existencia. Cuando lo abrimos al Misterio de la Vida, cuando notamos su epifanía y su brisa sobre nuestra vida, cuando sentimos que todo es puro don y nos mostramos agradecidos, cuando el amanecer deja de ser una tentación y se muestra como la esperanza de un nuevo mañana más luminoso, aunque haya también noches de soledad, tristeza y olvido.

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2025, bajo el signo de la confianza.

Miércoles, 1 de enero de 2025
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camino

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
y guíame por el camino eterno.

*

Salmo 139 (138)

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“Estar bien con Dios”, por Gema Juan OCD

Sábado, 14 de diciembre de 2024
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st-john-of-the-crossDe su blog Juntos Andemos:

Visitar a Juan de la Cruz es siempre un disfrute. Más allá de lo útil, que nunca falta en la cita, se da la dicha del encuentro con un hombre entero. Si fue recordado por quienes le trataron como alguien sumamente amable y afectuoso, todavía ahora, al escucharle en letra de molde, una impresión muy cálida cobija al que se acerca.

Juan de la Cruz se hace próximo y aproxima a lo profundo del ser y de la vida. A la bondad y a la luz. Acerca a Dios. Y, cerca de él, se aprende libertad.

Palabras graves y pequeños consejos, poemas inmensos junto a dichos y letrillas, densa teología, sabiduría y alguna regañina… En su arquilla, que eso parecen sus obras completas, hay multitud de cosas. No es que tenga de todo, es que con él se vislumbra el Todo.

No deja de ser impresionante que el mismo hombre que habla de la terrible profundidad que puede alcanzar la noche de los humanos y de la maravillosa hondura que tiene Dios en todas las personas, ese mismo hombre es capaz de resumir todo el itinerario de la fe, diciendo que se trata de «estar bien con Dios». Así de sencillo.

Eso escribía Juan, desde Segovia, a una doncella de un pueblecito de Ávila. Y con mucha suavidad, reconducía la conversación que llevaban entre manos, pacificándola e invitándola a ir hacia dentro. A conocerse y reconocerse ante Dios, a no gastarse en lo que no llena y a no vaciarse en lo que consume.

«Procure el rigor de su cuerpo con discreción» –apuntaba– nada de excesos externos, Juan era enemigo de toda exterioridad. En cambio, la animaba a la «mortificación y no querer hacer su voluntad y gusto en nada». Y eso –una vez más hay que recordarlo hablando de este santo– no tiene nada que ver con generarse fastidio a uno mismo sino, como él mismo aclara: todo se refiere a «la pasión del Señor» y eso quiere decir que, al igual que Jesús, cualquier renuncia está dirigida a unir la voluntad al Padre bueno y, por tanto, a cuidar de los demás.

Juan creía que los artificios violaban la sinceridad y, en su mayor parte, «el rigor» del tipo que sea, es búsqueda y alarde de sí. Mientras que no buscar la propia voluntad y gusto es, literalmente, preocuparse del bien de los demás, descentrarse del ego y poner delante la alegría y el bien de los otros.

A esta mujer, y en otros lugares de sus escritos, invita Juan a hacer hábito de la presencia de Dios, a acostumbrarse a encontrarle en cualquier circunstancia, para «estar bien con Él». Si a la doncella le recuerda que Dios siempre da gracia, es decir, siempre da su Espíritu para vivir, en otra ocasión dirá que «cuanto más se fuere habituando el alma en dejarse sosegar», en dejarse en las manos de Dios, más crecerá la «amorosa noticia» de Dios.

Y no solo eso. Estar bien con Dios siempre será estar bien con uno mismo: avanzar por el camino de la integración, de la sanación y la liberación. A la doncella le hablará de lograr «toda en todo» vivir en el amor. La unificación profunda. En otro escrito, hablará de «paz interior y quietud y descanso». Y la paz es siempre señal de plenitud.

Después, como si quisiera resumir el evangelio y ponerlo en las manos de todos, desgranando cómo se está bien con Dios, escribió un Dicho que decía:

«Andar a perder y que todos nos ganen es de ánimos valerosos, de pechos generosos; de corazones dadivosos es condición dar antes que recibir, hasta que vienen a darse a sí mismos, porque tienen por gran carga poseerse, que más gustan de ser poseídos y ajenos de sí, pues somos más propios de aquel infinito Bien que nuestros».

Descubrir que «somos más propios de aquel infinito Bien que nuestros» y que la infinita bondad es nuestra, nos hace generosos y nos lleva a sentir con el evangelio. Juan sabía que solo «el hilo del amor» descubre esa pertenencia y une a Dios. Por eso, confiaba a esa experiencia la salud del corazón y la transformación de la vida:

«Hace tal obra el amor
después que le conocí
que si hay bien o mal en mí
todo lo hace de un sabor
y al alma transforma en sí
y así en su llama sabrosa
la cual en mí estoy sintiendo
apriesa sin quedar cosa,
todo me voy consumiendo».

Eso es estar bien, dejarse ganar por el amor. Eso es estar bien con Dios, dejar que su amor consuma todo lo que no es Él.

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Viajero en la noche

Sábado, 23 de noviembre de 2024
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Del blog Foucauld Diálogos:

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Manera corta y fácil para hacer la oración de fe simple presencia de Dios, por Bossuet.

1.- Hay que acostumbrarse a alimentar el alma con una simple y amorosa mirada en Dios y en Jesucristo nuestro Señor; y para este efecto hay que separarla dulcemente del razonamiento, del discurso, y de la multitud de afecciones, para mantenerla en simplicidad, respeto y atención, y aproximarla así cada vez más a Dios, su único y soberano bien, principio primero y fin último.

2.- La perfección de este camino consiste en la unión con nuestro soberano bien; y cuanto más grande sea la simplicidad, más perfecta será la unión. Es por lo que la gracia invita a simplificarse interiormente a lo que quieren ser perfectos, de forma que sean capaces de transmitir la alegría del Uno necesario, es decir de la unidad eterna.

3.- La meditación es muy buena en su momento y muy útil al comienzo de la vida espiritual, pero no hay que pararse ahí, pues el alma, por su fidelidad a mortificarse y a recogerse, recibe de ordinario una oración más pura y más íntima, la cual puede llamarse de simplicidad, que consiste en una simple visión, mirada o atención amorosa en sí, hacia cualquier objeto divino, bien sea Dios mismo o alguna de sus perfecciones, o Jesucristo y alguno de sus misterios, o alguna otra verdad cristiana. Prescindiendo el alma de su razonamiento, se sirve de una contemplación dulce que la mantiene apacible, atenta y abierta a las obras e impresiones divinas que el Espíritu Santo le comunica.

4.- La práctica de esta oración debe comenzar al alba, con un acto de fe en la presencia de Dios que está en todas partes, y en Jesucristo, cuyas miradas no nos abandonan… Este acto es producido o de una manera sensible y ordinaria… o es un siempre recuerdo de la fe en Dios presente que sucede de una forma más pura y espiritual.

5.- No hay que diversificarse para efectuar otros actos o disposiciones diferentes, sino permanecer simplemente atento a esta presencia de Dios, expuesto a su divina mirada, continuando así esta devota atención o exposición, mientras que nuestro Señor nos dará la gracia, sin afanarse en realizar otras acciones que las que nos son inspiradas.

6.- Hay que conservarse puro y libre en el interior… uniéndose a Dios frecuentemente, en encuentros simples y amorosos, recordando que estamos en su presencia, y que no quiere que nos separemos en ningún momento de él y de su santa voluntad: es la regla más básica de este estado de simplicidad; es la disposición soberana del alma: hacer la voluntad de Dios en todas las cosas…

7.- En fin, se terminará la jornada animando con esta santa presencia del examen, la oración de la tarde y al acostarse; y se dormirá con esta atención amorosa, interrumpiendo su reposo, cuando nos levantemos durante la noche, algunas palabras fervientes… como tantas voces y gritos del corazón hacia Dios.

8.- No hay que olvidar que uno de los más grandes secretos de la vida espiritual es que el Espíritu Santo nos conduce no solamente a través de iluminaciones, dulzuras, consolaciones y gracias, sino también mediante oscuridades, ofuscaciones, insensibilidades, dolores, angustias, revoluciones de las pasiones y los humores: digo todavía más, que este camino de la cruz es necesario, que es bueno, que es el mejor, el más seguro y el que nos hace llegar más pronto a la perfección… …La mejor oración es aquella en la que el alma se abandona plenamente a los sentimientos y a las disposiciones que Dios mismo pone en el alma, y donde se le estudia con simplicidad, humildad y fidelidad para conformarse a su voluntad y a los ejemplos de Jesucristo…”

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Carlos de Foucauld.

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“¿Dos clases de víctimas?”, por José Ignacio González Faus

Jueves, 21 de noviembre de 2024
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IMG_8197De su blog Miradas cristianas:

Viendo lo que pasa

Los humanos tenemos una gran capacidad para desfigurar las cosas más grandes.

la sacralidad y la opción por las víctimas es una de las cosas más serias que hemos conquistado

Pero a la hora de ponerla en práctica, solo pensamos en aquellas víctimas que no nos exigen ningún sacrificio:¿quién se acuerda hoy de Haití?

Y siguen otros ejemplos

Los humanos tenemos una capacidad inaudita de falsificar las cosas más grandes. Parece que últimamente habíamos conquistado el valor sagrado de las víctimas y su lugar primario en nuestro trabajo para los demás. La iglesia de los pobres, que decía Juan XXIII, el grito de Pablo VI ante los campesinos de Colombia (“vosotros sois Cristo para mí”), la teología de la liberación y hasta (sin que Marx se entere) la difusión de la palabra “proletariado” o, posteriormente “precariado”, habían ayudado a poner las víctimas en el centro de nuestra actividad social, como algo sagrado, para creyentes y no creyentes.

Pero luego parece que hemos ido buscando las víctimas que menos nos molestan y menos nos piden. ¿Quién se acuerda o hace algo por Haití? ¿Quién se preocupa por los millones que mueren como moscas en Sudán? ¿Quién reconoce el carácter de víctimas de todos los migrantes, a quienes acusamos ahora de envidiosos o delincuentes, y para los que pensamos construir monstruosos y disimulados “campos de concentración”, no dentro de nuestros territorios (como los de Hitler), sino fuera de ellos? En cambio ¡cómo nos preocupan y cuánto gritamos por todos aquellos maltratados que no nos exigen más esfuerzo que el de levantar la voz!

Y así, parece que no haya más víctimas que las de delitos sexuales: o que estas son las de primera división y las otras son solo “de categoría regional”: unas tienen mucha voz y otras casi no tienen voz. Y no sugiero de ningún modo que nos olvidemos de las unas, pero sí que apliquemos a las otras aquellas palabras de Jesús: “esto es lo que habría que hacer aunque sin olvidar lo otro”. Imaginemos qué pasaría, si ante uno de esos casos infames de violación repetida, de los que leemos noticias estos días, alguien exclamara: “bueno, ella se lo habrá buscado”, porque (como escribía Cela en La Catira) “a las mujeres eso también les gusta”… Imaginemos la que se armaría.

Pero ¡eso es exactamente lo que estamos haciendo con los inmigrantes!, algunos de ellos chavales y huérfanos. Y si es verdad que a veces hay sexualidades criminales, como estamos viendo cada día, también es cierto que hay, como dice un título de Amin Maalouf: “Identidades asesinas”.

Entre creyentes se habla con frecuencia de la necesidad de hacer algo de oración cada día; y no cabe duda de que eso te lleva a comenzar la jornada con un talante más pacificado y más benevolente. Pero ese mismo consejo puede servir también para los que no creen: cada mañana antes de comenzar el día, dedica al menos un cuarto de hora a pensar: hoy van a morir en Gaza o en el Líbano una serie de personas que aún no lo saben: unos perderán seres queridos y necesarios, otros quedarán heridos o mutilados para siempre; y otros en el mundo morirán de hambre o no probarán bocado en todo el día: de modo que si unos pocos pueden cada día comer “solomillo”, muchos otros no tienen más plato que “solo-tuyo”… Y perdón por el mal chiste.

En cualquier caso, quien procure comenzar así diariamente, verá cómo le puede resultar un poco incómodo al principio, pero acabará viviendo cada día de manera muy distinta a la habitual.

Y a la larga, quizás acabaremos comprendiendo otra lección muy sorprendente: más dignos de compasión son (¿somos?) los verdugos que las víctimas: porque si estas pierden la vida, aquellos pierden su humanidad, y nos deberían provocar mucha más pena que ira. Pues los cristianos sabemos que la vida se recupera en esa “otra vida” que esperamos y que es la verdadera vida: ya versificó A. Machado que “tras el pavor de morir – está el placer de llegar”. Pero la humanidad perdida es muchísimo más difícil de recuperar. Y Juan Crisóstomo ya decía hace más de quince siglos que el género humano puede dividirse en infrahumanos e inhumanos.

En este sentido quisiera decir, para terminar, una palabra sobre el señor Netanyahu: esa figura tan inhumana que se cree con derecho a dar órdenes a las Naciones Unidas, y que piensa que matar varios niños y mujeres es un medio justificado por el fin de eliminar a un líder enemigo. Me niego a creer que Netanyahu sea tan inhumano, sé que lo que está haciendo es una huida hacia adelante, que no busca la defensa de Israel sino la suya propia (porque sabe que el día que se acabe la guerra le espera seguramente un juicio y varios años de cárcel y a lo mejor evitaba eso apareciendo como un vencedor absoluto y constructor de un nuevo Israel). Prefiero pues creer que se ha vuelto loco y que se parece a aquel señor que entró en una autopista por la dirección contraria; y cuando comenzó a oír avisos oficiales que decían aquello de “cuidado, que hay un coche que va circulando en dirección contraria” se limitaba a exclamar: “¿uno? Pues yo veo que son muchos”…

En fin, quede al menos claro que esto de las víctimas es algo muy serio, y no podemos desfigurarlo. Y que en nuestra postura ante ellas nos jugamos el ser o no ser humanos.

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Una oración por el Día Internacional del Recuerdo de las Personas Transgénero

Miércoles, 20 de noviembre de 2024
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El 20 de noviembre, los defensores de los derechos LGBTQ+ conmemoran el Día Internacional del Recuerdo de las Personas Transgénero, un día para ayudar a honrar a las personas transgénero, no binarias y no conformes con su género que han muerto a causa de la violencia el año pasado, así como a aquellas personas que continúan trabajando por la justicia y la igualdad.

Para ayudar a conmemorar este día, New Ways Ministry ofrece la siguiente oración para uso individual o comunitario.

Nuestra esperanza es que esta oración no solo eleve y honre las vidas de nuestros hermanos trans, sino que nos aliente a todos a trabajar diariamente para poner fin a la violencia antitrans y por la búsqueda de justicia para todas las personas LGBTQ+.

La oración fue compuesta por Bernadette Donlon, Coordinadora Digital de New Ways Ministry.

Oración por el Día Internacional del Recuerdo de las Personas Transgénero

Dios compasivo,

Sabemos que a lo largo de todo lo que experimentamos, estás con nosotros. Hoy, nos tomamos un tiempo para honrar y elevar las vidas de nuestros hermanos transgénero que nos han precedido. Llevamos en nuestro corazón a quienes sufrieron violencia, discriminación y prejuicio. Recordamos y honramos las vidas que vivieron con valentía y resiliencia. Que sus recuerdos sean una bendición y un llamado a la acción.

Concédenos la fuerza para solidarizarnos con la comunidad transgénero y con todos los que enfrentan la opresión, para ser aliados y defensores en su lucha por la aceptación, la igualdad y la seguridad. Que podamos enfrentar los prejuicios y la ignorancia con comprensión y compasión, comprometiéndonos con la justicia en su nombre.

Oramos por la sanación de quienes lloran, por la paz en los corazones de quienes viven con miedo y por la sabiduría para nutrir un mundo donde cada persona sea celebrada, protegida y amada exactamente como la persona que Tú creaste que fuera.

En su memoria, que podamos crear un mundo que abrace a cada alma en su plenitud. Te pedimos que nos guíes para que nuestro amor sea más fuerte que el odio, nuestra esperanza más fuerte que la desesperación y nuestras acciones arraigadas en un profundo compromiso con un futuro donde cada vida pueda florecer con dignidad y orgullo.

Amén.

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Versión abreviada

Sabemos que a lo largo de todo lo que experimentamos, estás con nosotros. Hoy, nos tomamos un tiempo para honrar y elevar las vidas de nuestros hermanos transgénero que han fallecido. Llevamos en nuestro corazón a quienes sufrieron violencia, discriminación y prejuicio. Recordamos y honramos las vidas que vivieron con valentía y resiliencia. Que sus recuerdos sean una bendición y un llamado a la acción.

Concédenos la fuerza para solidarizarnos con la comunidad transgénero y todos los que enfrentan la opresión, para ser defensores en su lucha por la aceptación, la igualdad y la seguridad. Que podamos enfrentar los prejuicios y la ignorancia con comprensión y compasión, comprometiéndonos con la justicia en su nombre.

Amén.

—Robert Shine (él), New Ways Ministry, 13 de noviembre de 2024

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Fuente New Ways Ministry

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Orar con San Juan de la Cruz

Jueves, 24 de octubre de 2024
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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  1. San Juan de la Cruz fue un hombre de oración; bebió del espíritu de su tiempo, y conoció las formas, devociones y estilos de su época y de su Iglesia. Oró como pueblo (familia pobre), como estudiante, religioso y sacerdote. Recibió el influjo de los maestros de su tiempo, y de la corriente espiritual que promovía la oración y la interioridad.

2. Como religioso y sacerdote desarrolló indudablemente una pastoral de la oración y la vida espiritual entre los suyos, acompañando y animando para una práctica cristiana más profunda, como así lo cuentan muchos testigos.

3. En sus escritos nos dejó algunas oraciones (Ej: la oración del alma enamorada), sin embargo, en sus libros no nos ha dejado un magisterio explícito acerca de la oración, como sí es el caso de Teresa de Jesús.

4. Más que de oración (formas, métodos, etc.), a Juan le interesa la persona que ora, como prepararla y disponerla, entender por qué es posible y necesario orar.

5. Podemos orar porque Dios ha tomado la iniciativa, se ha querido dar a nosotros en Cristo, abriendo la posibilidad de entrar en relación con él. Al hacerlo realizamos nuestra verdadera vocación. Por eso el santo invita a considerar e imitar a Cristo, en quien Dios ha hablado de forma definitiva. Luego, las virtudes teologales son el camino, y la meta es la Unión.

6. La unión del alma con Dios es el tema central de la doctrina sanjuanista (unión que implica transformación; es un movimiento existencial). Dios se esconde en lo más profundo de nosotros, del otro, de la historia, de la creación. Al salir a buscarlo, con la gracia recibida, se desencadena un dinamismo espiritual que va de la cruz a la resurrección.

7. Necesitamos hacer espacio para Dios en nosotros (propuesta ascética: negar, vaciar de todo lo que no es Dios), y el mismo Dios va creando ese espacio en nosotros. A ese proceso Juan le llama Noche. Nuestras carencias nos permiten caer en la cuenta de nuestra verdadera dignidad, porque únicamente Dios puede satisfacer el anhelo que nos pone en camino.

8. Más que orar, Juan, como Teresa, habla de “ser oración”. Vivir las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad), que son al mismo tiempo don de Dios y respuesta nuestra a él. Vivir y orar en cristiano es creer, esperar y amar, en un proceso que es al mismo tiempo purificación y transformación (restar y sumar).

9. Juan nos invita a dejar incluso lo que es bueno (todo lo que no es Dios, incluso las cosas de Dios, sus bienes) para mirar e ir más lejos; para alcanzar el Todo, en el que reencontramos lo que dejamos y mucho más.

10. Es siempre camino y meta de amor (Dios como presencia amorosa), por eso el lenguaje que Juan usa es lenguaje amoroso también (Amado, esposa, unión). Presenta el amor como categoría fundamental de la vida cristiana. Orar es amar.

11. El culmen de la vida teologal está, para Juan de la Cruz, en la contemplación, simplificando toda la vida de oración y el contacto con la Palabra de Dios. Toda la existencia del orante es una “noticia sencilla amorosa” totalizante, que lleva a la comunión con Dios, que se le descubre en toda la realidad humana.

12. En resumen: partimos de una llamada, de un anhelo (Dios llama, va delante siempre), para adentrarnos en un camino, búsqueda, esfuerzo, subida, que pasa por la noche (donde a pesar de todo la Fuente no deja de manar, hasta que amanece con una Llama ardiente en el interior de la persona que ya es una nueva creatura en Cristo, para Dios.

13. También podemos hablar de cuatro momentos (Ian Mathew): el don (Dios), hacer espacio (vacío positivo), dejarse sanar (noche sanadora), pleno encuentro (unión amorosa).

14. La oración como actitud teologal contemplativa crea una síntesis vital entre el amor a Dios y el amor al prójimo, y es fuertemente liberadora e integradora. Que mejor modo de expresar la experiencia orante a la que nos convoca y en la que nos introduce Juan de la Cruz, que sus propios versos: “Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el Amado, cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado, entre las azucenas olvidado”.

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Fray Manuel de Jesús, ocd

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“Oración encarnada”, por Miguel Ángel Mesa

Jueves, 3 de octubre de 2024
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De su blog Otro mundo es posible:

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«Oración es tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama»
(Santa Teresa de Jesús).

Hubo un tiempo en que se expresaban serias diferencias entre quienes acusaban a otros cristianos de escapismo espiritual, orando mucho pero sin conexión con la realidad y contestando los otros con la recriminación por el activismo de quienes no aceptaban el valor ni la importancia de la oración.

Si bien puede que sigan vigentes en algunos ambientes estas acusaciones, cualquier persona mínimamente conocedora del Evangelio reconoce que Jesús tuvo sus momentos de oración, para encontrar fuerza, ánimo, sentido a lo que hacía, que era tanto que en algunos momentos no tenía ni tiempo para comer.

Hay muchas formas de oración, decenas de métodos, caminos que han recorrido multitud de personas, órdenes religiosas, asociaciones laicales… Sin mencionar la gran cantidad de escuelas de oración y meditación que se han dado en todas las religiones y senderos espirituales.

El ser humano, hombre y mujer, es orante por naturaleza. Está estudiado que nuestros antepasados ya oraban de alguna forma con las pinturas rupestres, con los ritos funerarios y las alabanzas a la naturaleza, a la Madre Tierra y al Sol principalmente, antes de desembocar en la creencia en dos diferentes dioses, o en un Dios único.

Para empezar a orar es necesario seguir las enseñanzas de personas más experimentadas. Pero posteriormente, cuando se va avanzando, es bueno y necesario irse desprendiendo de ataduras, de cáscaras protectoras, para salir al aire libre de la relación personal con el Misterio que nos habita. Hablando como con el mejor amigo. O callando y acallando tanto ruido e imágenes como hay en nuestro interior.

En la sociedad de la prisa y del estrés, por otra parte, es de una necesidad imperiosa para la salud de nuestra mente, el silenciar durante un tiempo al día la actividad, para descansar, reflexionar, meditar, orar con uno mismo, entrando en nuestro interior, dirigiendo nuestra mirada contemplativa de amor hacia «quien sabemos nos ama».

En la oración recogemos como un eco de nuestra humanidad que nos une a todo lo creado; de nuestra divinidad, como imagen con un parecido excepcional de quien somos sus hijos e hijas. Esos ecos que al final nos resultan conocidos, y que están apagados ante tanto frenesí como vivimos, comienzan a aflorar, a resonar en nuestro interior, devolviéndonos nuestra esencia original que, muchas veces, vamos perdiendo poco a poco sin darnos cuenta.

La oración personal o en comunidad, no nos aparta de la vida, al contrario, nos sumerge, nos ayuda a encarnarnos más en ella. Cuando oramos con sinceridad, el espíritu de la Verdad nos inunda y, como dice Casaldáliga, no podemos hacer otra cosa que incorporar a ella las voces, los rostros, las dificultades, las injusticias, las alegrías y los gozos de quienes nos acompañan por el camino de la existencia.

Es importante también aprender de la historia de los grandes orantes, de los místicos: así podremos caminar en libertad al encuentro con el Espíritu vivo de Dios; y este camino no lo podremos recorrer si no unimos vida y oración, contemplación y vida, mística y existencia, silencio y soledad, sin ningún tipo de dicotomías.

«Felices quienes se reservan cada día unos momentos de silencio para entrar gozosos en su corazón».

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El trabajo de esperar.

Miércoles, 4 de septiembre de 2024
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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El 10 de agosto de 1965 Thomas Merton escribe en su diario sobre la “necesidad de orar, necesidad de un alimento teológico sólido, de la Biblia, de la tradición monástica“. Luego también de la “necesidad de estar definido enteramente por la relación con Dios Padre y por la orientación hacia él“. Dice que no hay que estar distraído, sino “estar presente“, y lo que más llama mi atención, dice que “por encima de todo EL TRABAJO DE ESPERAR“.

*

Thomas Merton

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Volver a ver…

Viernes, 23 de agosto de 2024
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ciego

Señor,
cuando me encierro en mí,
no existe nada:
ni tu cielo y tus montes,
tus vientos y tus mares;
ni tu sol,
ni la lluvia de estrellas.
Ni existen los demás
ni existes Tú,
ni existo yo.
A fuerza de pensarme, me destruyo.
Y una oscura soledad me envuelve,
y no veo nada
y no oigo nada.

Cúrame, Señor, cúrame por dentro,
como a los ciegos, mudos y leprosos,
que te presentaban.
Yo me presento.
Cúrame el corazón, de donde sale,
lo que otros padecen
y donde llevo mudo y reprimido
el amor tuyo, que les debo.
Despiértame, Señor, de este coma profundo,
que es amarme por encima de todo.

Que yo vuelva a ver
a verte, a verles,
a ver tus cosas
a ver tu vida,
a ver tus hijos…
Y que empiece a hablar,
como los niños,
-balbuceando-,
las dos palabras más redondas
de la vida:
¡PADRE NUESTRO!

*

Ignacio Iglesias, sj

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“El monasterio interior”, por Gabriel María Otalora

Sábado, 6 de julio de 2024
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IMG_5678De su blog Punto de Encuentro:

| Gabriel Mª Otalora

En tradiciones y épocas muy distintas, hombres y mujeres han buscado lugares donde encontrarse a sí mismos. Desde luego que no pasamos por el mejor momento en esto de la interioridad espiritual. Aun así, junto al materialismo que nos ahoga hacia fuera, se van implantando semillas de introspección que buscan la recuperación de paradigmas éticos universales. Son esfuerzos éticos sembradores pugnando por desafiar al estruendo que mantiene la esencia humana en la superficialidad. Nosotros, los cristianos, también estamos atrapados en la vorágine de lo inmediato aunque, como decía, se vislumbran caminos de espiritualidad que nos acompañan en la ya difícil espiritualidad de mínimos (exigencia ética), y no digamos en la espiritualidad desde Cristo (como una oferta más radical), atrapados en el consumismo que se expande con demasiada facilidad.

Dicha reacción todavía débil ante semejante ahogamiento interior nos desafía a recuperar un proyecto de vida espiritual, personal, pero conectado en comunidad para que el camino se realice de manera compartida y solidaria, en crecimiento mutuo. Dándole vueltas a esto, me encuentro con la experiencia del Monasterio Wi-Fi creado por un grupo de monjas amigas en su pretensión de facilitar la oración también a través de este medio. La experiencia inicial reunió en el encuentro celebrado en Roma a mil personas. Lo llamaron ´Primer Capítulo General del Monasterio de Wi-Fi´ centrado en la vida espiritual. Año a año, dichas reuniones se han consolidado hasta congregarse 3.600 personas venidas de toda Italia.

¿Fue casualidad que sean mujeres? Las iniciadoras de este movimiento responden que, “después de todo, ¿no es María quien nos invita a seguir a Jesús?” Con el tiempo nacieron una veintena de “monasterios locales” en Italia donde todas esas personas se reúnen una vez al mes para meditar sobre el tema abordado en el Capítulo general anual y proponer iniciativas.

El monasterio tradicional es un lugar de espiritualidad en soledad y, a la vez, unión en comunidad. Es un espacio exteriormente visible y palpable que sin embargo oculta un interior íntimo de difícil acceso. Esta experiencia on line incardinada en el día a día va más allá de la espiritualidad que transforma los espacios sociales y mentales, al incluir también los espacios simbólicos, esos que nos facilitan una relación fluida entre el espacio exterior y el interior de cada cual, pero siempre en referencia a otro. No puede ser un monólogo, sino diálogo con el Tú. El monasterio interior, pues, es un espacio de oración y al vez de de actitud práctica que despliega todo el potencial humano que atesoramos. Cada una de estas aproximaciones discurre por caminos, contextos y épocas diversas hasta el tiempo contemporáneo, donde seguimos buscando nuevos espacios en construcción desde los que realizarnos espiritualmente más allá del materialismo decadente que nos desborda.

Mientras la monumentalidad y la simbología exterior del monasterio tradicional remiten a la arquitectura interior, la iniciativa de monasterio virtual en medio de la cotidianeidad abre otra ventana a lo esencial. Ahora se nos brinda esta vía para localizarse cada uno interiormente gracias a las nuevas tecnologías que proponen pasar del interior del monasterio físico como posibilidad siempre, a otro espacio simbólico de acceso a lo esencial. Y lo esencial, en cristiano, pasa por hacernos comunidad enraizada en Cristo tejiendo un vínculo relacional con Él para, de esta manera, tejernos en amor a los demás; la necesidad existencial de comunicarnos espiritualmente alcanza a la oración como sinónimo de comunicación con Alguien que me ama porque no estoy solo, ni las leyes de la naturaleza son ajenas a mi existencia y al sentido vital.

Orar, tan infravalorado hoy, es la palanca que me facilita la reconciliación con el Otro y me impulsa al perdón amoroso a quien me aborrece. No nos bastamos a nosotros mismos; necesitamos sentirnos vulnerables en esta alteridad para no actuar con soberbia. Todo esto es algo que la comunicación virtual puede potenciar sin salirnos de lo cotidiano, como lo están proponiendo estas monjas impulsadoras del monasterio interior, desde lo virtual, como una experiencia novedosa de soledad acompañada sin dejar de ser sal del mundo. Solamente desde la razón, no es posible acceder a nuestro mejor Yo. Busquemos y encontraremos, también a través de internet. El medio facilita el fin.

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“Lo inteligente de verdad”, por Gabriel María Otalora

Sábado, 1 de junio de 2024
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IMG_6488 De su blog Punto de Encuentro:

Ante la posibilidad, ya real, de crear máquinas dotadas de inteligencia cuasi humana, y la incógnita de si una máquina extremadamente inteligente podría reprogramarse a sí misma, la cuestión ética cobra gran importancia para garantizar que no se produzca ningún daño a los seres humanos ni a otros seres vivos. Lo cierto es que el desarrollo tecnológico y científico avanza a tal velocidad que la inteligencia artificial del siglo XXI supone también un importante impacto en todos los campos, para bien y para mal, con las nuevas amenazas en forma de la desinformación y manipulación informativa, la falta de transparencia, la concentración de poder o la pérdida de privacidad, entre otras amenazas.

La inteligencia racional avanza más rápidamente que la inteligencia emocional y la espiritual del amor. En estas se invierte bastante menos. ¿Hacia dónde vamos? Los beneficios innegables tapan la mayor concentración de codicia que hoy se pueda dar. Crecer más, más y más, corriendo como pollos sin cabeza, solo genera desigualdades en aumento  y daños muy graves al ecosistema. Y no será porque no tenemos datos y señales de alarma como nunca los tuvieron en otros momentos de la historia; además de la experiencia acumulada de lo que ocurre cuando nos gobiernan con determinadas actitudes, y se confunde progreso con crecimiento desaforado…

Si la sociedad de consumo es líquida (Z. Bauman dixit), el individuo también debe ser líquido para poder seguir el ritmo consumista. Es la consecuencia de que nadie está dispuesto a renunciar a nada. Entonces la vida se convierte en una lucha entre individuos, y la libertad tiende a ser patrimonio de los más fuertes. El profeta que es el Papa Francisco no para de advertirnos sobre el estilo de vida que nos hemos dado; y está siendo criticado duramente por ello, incluso entre cristianos que se dicen guardianes de las esencias católicas.

Mi intención no es recordar, sin más, un escenario distópico. Lo que pretendo, precisamente en estos momentos, es que tengamos presente el capital interior extraordinario que atesora cada ser humano para vivir bien si lo hace desde su compromiso ético impulsando en nuestro interior la inteligencia integral, no solo la parte racional. ¿De qué sirve arrugarse dentro de la actitud decadente de vivir en la indiferencia y gozar de manera despreocupada e insolidaria?

Por eso mismo es importante recordar que la IA puede plantear desafíos éticos y espirituales que requieren una reflexión profunda. Por ejemplo, ¿cómo deberíamos entender la dignidad humana en el contexto de la IA? ¿Cómo se puede incardinar esta ventana tecnológica con las enseñanzas cristianas? ¿Es posible aprovechar la IE para cultivar una mejor solidaridad, o una espiritualidad más rica? Al menos puede servir de recordatorio de la importancia de la humildad y la confianza en Dios más que en la ciencia. Existe un riesgo real cada vez que tecnología avanza y nuestras capacidades se expanden, de sentirnos tentados a creer que somos autosuficientes o que tenemos control total sobre nuestro mundo. Existen límites a nuestro conocimiento y poder, líneas rojas a no traspasar para no causar más daño que producir bien.

Ya que los cristianos tenemos la suerte de tener la experiencia de fe en Alguien que nos creó por infinito amor y para el amor, urge que recuperemos en nuestro interior el potencial transformador del Evangelio, nuestra espiritualidad dormida capaz de generar Reino de amor a nuestro alrededor. Sin asustarnos por la nueva era tecnológica (“No tengáis miedo”). Escudarse en que no puedo arreglar el mundo porque a mi nivel no puedo cambiar nada, solo aporta un plus de desesperanza; pero si cada uno limpiara su acera, la calle, y la ciudad entera, estarían limpias. Y viviríamos menos tristes y con sensación de pertenencia; menos solos en nuestra pequeña acera, de manera más humana.

Hemos perdido la fe en la oración, como si orar fuera un instrumento utilitarista más. Nos falta confianza en el amor que podemos dar, fe en lo que no podemos controlar y esperanza en la semilla de amor que ponemos a germinar. Seamos conscientes de que nuestras obras y omisiones mejoran o empeoran la vida nuestra y la de los demás; ese limpiar nuestra acera amorosamente todos los días, es mucho más inteligente, importante y necesario que la inteligencia artificial. Pidamos a Dios luz y fuerza para lograrlo. Lo digo ahora que se acerca Pentecostés…

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Mística del trabajo

Viernes, 26 de abril de 2024
Comentarios desactivados en Mística del trabajo

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Si uno se lleva bien con su trabajo y lo hace con tranquilidad, está orando todo el tiempo. Es importante recuperar este equilibrio, y comprender que el trabajo realizado como es debido no impide orar. El trabajo hecho como es debido es oración. Como es debido: lo cual no quiere decir que tengas que regodearte con él, ni que debas empeñarte en hacerlo a la perfección; es hacerlo como instrumento de Dios. Hay en esta actitud un sustrato de profundo misticismo. No es una mística. Es misticismo, una forma de estar unido a Dios.”

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Thomas Merton

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