Lloramos, ¿no es cierto que lloramos?
¿Quién puede vivir sin llorar?
El llanto no es escollo temible que evitar en nuestra travesía de la vida, sino condición que integrar en el camino hacia sí mismo.
Lloramos ante la dentellada de la propias miserias físicas.
Lloramos cuando los defectos incorregibles, maneras de ser que hacen daño a sí o a otros, nos imponen una imagen de nosotros mismos, que en ningún modo está de acuerdo con el superhombre que todos hemos creído ser en algún momento.
Lloramos por el rechazo, la incomprensión, el fracaso, la soledad.
Lloramos esa pérdida irreparable del ser tan querido.
Lloramos, y ojala lloráramos más, porque somos sensibles al dolor de todos los otros, y nos dejamos impactar por sus miserias y nos acercamos lo mas posible a ellos para aliviar sus penas, para tomarlas sobre nosotros.
Un abrazo
D.G.;Zaragoza