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el blog de Xabier Pikaza:
Domingo 3 tiempo ordinario. Ciclo B. Mc 1, 14-20.
— El domingo anterior presenté, siguiendo al evangelio de Juan 1,35-42, la llamada de Jesús a sus discípulos, a la orilla del río Jordán. Se decía allí que Jesús buscó a su gente de entre la gente de Juan Bautista, todos ellos especialistas en cuestiones religiosas, expertos en ayuno y conversión de vida.
— Pero la liturgia de este domingo, siguiendo al evangelio de Marcos, presenta a Jesús junto al lago, llamando para acompañarle y realizar su tarea de Reino a uno hombres expertos en redes y pesca de peces (imagen 1).
Anuncié y expuse ya el sentido de estas dos “vocaciones” en la postal del pasado domingo y en la siguiente del lunes, para mostrar que las cosas importantes se pueden contar siempre al menos de dos formas, las dos verdaderas, aunque diferentes.
Para comentar este evangelio del dom 3, ciclo B, utilizaré mi Comentario de Marcos, pero comparando de nuevo su versión con la de Juan, distinguiendo sus partess:
— Jesús anuncio la llegada del Reino Dios
–Jesús llama a cuatro colaboradores, que son principio y signo de todos sus discípulos, hombres y mujeres (imagen 2)
Se trata de dos pasajes de hondo sentido teológico, que recogen el principio del mensaje de Jesús, pero que han sido recreados por el mismo Marcos, desde su perspectiva eclesial y teológica.
— Comentaré en sí mismo el primer pasaje, el anuncio y llegada del Reino de Dios, la tarea de Jesús y de la Iglesia al servicio de los hombres.
— Comentaré el segundo pasaje en dos partes: primero analizo el texto paralelo del Evangelio de Juan; luego explico el de Marcos.
Buen domingo a todos.
a. Galilea: mensaje de reino (1, 14-15)
Texto 1
14 Después que Juan fue entregado marchó Jesús a Galilea, proclamando el evangelio de Dios. 15 Decía:
El tiempo se ha cumplido. El reino de Dios ha llegado.
Convertíos y creed en el evangelio.
Tema
Este es un texto puente que cierra el prólogo (Mc 1, 1-13) y abre la narración propiamente dicha del evangelio:
— Después que Juan fue entregado… Este dato sirve de contrapunto histórico y teológico de la historia posterior. Juan ha sido y seguirá siendo lugar de referencia. Jesús viene después (meta), en indicación más teológica que cronológica. La entrega de Juan (paradothênai: 1,14; cf. 6, 14-39) anuncia la de Jesús (cf. 9, 33; 10, 33; 14, 10-11 etc).
— Vino Jesús a Galilea. El espacio geográfico (y teológico) de Juan era el desierto con el río. El de Jesús, en cambio, es Galilea. No se retira al lugar de la prueba, ni se instala al borde de la tierra prometida; tampoco busca un lugar de salvación junto a los atrios de Jerusalén, en gesto de sacralidad nacional. Jesús se encuentra vinculado a la tierra y gente normal de Galilea, junto a un mar simbólicamente abierto a las naciones del entorno. Esta evocación culmina en 14, 28 y 16, 7 donde Jesús (o el joven pascual) manda a los discípulos a Galilea, lugar que será para Mc espacio fundante y el signo duradero de la iglesia.
— Kerigma. Galilea en sí no basta, como no basta la entrega del Bautista. El evangelio de la iglesia se funda en el mensaje de Jesús: Se ha cumplido el tiempo y ha llegado el reino de Dios; convertíos y creed en el evangelio (1, 15).
Esta es la palabra clave, que consta de dos frases paralelas dobles, cada una con dos partes, unidas por un kai (y). Como resulta usual en Mc, la segunda sirve para precisar el sentido de la primera: se ha cumplido el tiempo “y” llega el reino (el reino define y da sentido al tiempo); convertíos “y” creed en el evangelio (la fe da sentido a la conversión.
El progreso temático es claro: pasamos del Bautista (desierto/río) a Galilea, descubriendo allí el mensaje de Jesús, abierto a todos los humanos. No se encierra Jesús en las casas, susurrando al oído un secreto de iniciados; no se instala en la escuela, ofreciendo cursos largos de enseñanza especializada, no ofrece su palabra a la vera del templo sagrado (a los puros), ni a la orilla del río/desierto (a los especialistas de la penitencia).
Viene a Galilea, ofreciendo su evangelio para todos; lo hace con claridad (que se entienda bien), en voz alta (que lo escuchen), como heraldo o pregonero de buenas noticias que deben extenderse por el pueblo.
La Buena Noticia del Reino
La buena noticia o evangelio es Dios (con genitivo epexegético) o aquello que Dios hace (con genitivo de objeto). En el lugar donde estaba la conversión y penitencia del Bautista viene a situarse la buena noticia de Jesús que expande a hombres y mujeres de su tierra aquello que Dios mismo le ha dicho (¡eres mi Hijo…!) y que se expresa en la victoria sobre lo diabólico. Su experiencia es buena noticia; la palabra de su vida puede hacerse ya palabra y principio de existencia para aquellos que quieran escucharle, acompañarle. De esa forma el camino de Jesús se hace camino para todos los humanos, empezando en Galilea:
— El tiempo se ha cumplido “y” ha llegado el Reino de Dios. El cielo se ha rasgado y Dios se hace presente en Jesús (1, 9-11). Por eso él puede expresar su experiencia, ofreciendo espacio de vida filial y fraterna (de amor) a quienes quieran escucharle. El Reino de Dios se identifica con aquello que Jesús ha recibido en su bautismo. Quiere que todos escuchen (escuchemos) la voz de Dios que dice (eres mi Hijo!, recibiéndola de forma compartida, fraterna, solidaria. Porque el reino de Dios ha llegado podemos y debemos afirmar que el tiempo se ha cumplido, han culminado las promesas de 1, 2-3.
— Convertíos “y” creed en el evangelio. La pertenencia al reino no se logra por la carne y sangre, es decir, por los principios naturales de la historia (poder genealógico, imposición política) sino por meta-noia o con-versión interpretada como cambio de existencia. Superando el nivel previo de lucha, viene a desplegarse ahora un extenso y gozoso continente de existencia filial, hecha de gratuidad y expresada como fe en el evangelio, es decir, como acogida de la buena noticia de Dios. No es la conversión la que causa el evangelio sino al revés: el evangelio de Dios, que aceptamos por Jesús con fe gozosa, nos convierte, nos transforma, haciéndonos capaces de acoger y construir la familia mesiánica o iglesia.
Marcos ha superado el nivel biológico (no alude a la familia carnal de Jesús); también ha superado el plano cultural (no sitúa a Jesús en una escuela exegética o filosófica). El grupo cristiano empieza a surgir y se despliega allí donde varones y mujeres asumen con Jesús una experiencia de nuevo nacimiento en amor, desde Dios Padre. Juan era la línea divisoria: podía suscitar un grupo de discípulos penitentes, pero nada más: no ha visto el cielo abierto, no ha escuchado la voz (eres mi Hijo!
Donde Juan Bautista se ha detenido sigue Jesús: ha escuchado la palabra, se ha descubierto Hijo de Dios, se ha mantenido en la prueba, ha recibido un mensaje de vida para todos. Por eso ha comenzado a expandir su experiencia, ofreciendo su evangelio universal, en el cruce de caminos de su patria, en Galilea.
Jesús no ha pedido nada a Dios. No aparece en el texto como un suplicante que implora a Dios agua para el campo, hijos para la familia, fortuna para la casa, vida para los enfermos… Simplemente ha venido en busca de Dios, con los penitentes del Bautista y ha escuchado la voz (eres mi Hijo!, empezando a reunir a los humanos.
Tampoco Dios ha empezado pidiendo algo a Jesús; no le dice que se convierta, no le impone una ley (¡cumple! (tu debes!), no le amenaza. Al principio del evangelio no está el imperativo categórico (deber), ni un tipo de moral impositiva o casuística.
En el principio está el amor de Padre que dice: (eres mi Hijo! En ese amor se funda el camino de la iglesia. Los que aceptan la experiencia de Jesús forman con él una familia, son iglesia. Este es el cambio categórico, el principio del evangelio, el surgimiento de la familia de Dios. En la base de Mc hallamos una experiencia de filiación gozosa que se expande por gozo a todos los humanos. Por eso, en los momentos fundamentales de la trama evangélica (transfiguración, viñadores homicidas, oración del huerto, crucifixión: cf. 9, 7; 12, 6; 14, 36; 15, 39), Mc retorna a la experiencia del bautismo, descubriendo lo que significa Jesús como Hijo de Dios para los humanos
.b- Pescadores de hombres. Los primeros compañeros (1, 16-20).
Texto 2
16 Y pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que estaban echando las redes en el mar, pues eran pescadores. 17 Jesús les dijo: Venid en pos de mí y os haré pescadores de seres humanos.
18 Ellos dejaron inmediatamente las redes y lo siguieron.
19 Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan. Estaban en la barca reparando las redes. 20 Jesús los llamó también; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.
Antes de comentar el texto de Marcos… debemos presentar y comentar el paralelo del evangelio de Juan.
Evangelio de Juan.
Significativamente, el Nuevo Testamento conserva dos relatos distintos de su «vocación» y los dos están muy teologizados. Posiblemente, el más cercano a la historia sea el del evangelio de Juan:
Al día siguiente, de nuevo estaba Juan con dos de sus discípulos. Al ver a Jesús que andaba por allí, dijo: ¡He aquí el Cordero de Dios! Los dos discípulos le oyeron hablar y siguieron a Jesús. Jesús, al dar vuelta y ver que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabí – que significa maestro – ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Por lo tanto, fueron y vieron dónde moraba y se quedaron con él aquel día, porque era como la hora décima.
Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Éste encontró primero a su hermano Simón y le dijo: Hemos encontrado al Mesías, que significa Cristo. Él lo llevó a Jesús, y al verlo Jesús le dijo: Tú eres Simón hijo de Jonás. Tú serás llamado Cefas – que significa Piedra. (Jn 1, 36-42).
Éste es, sin duda, un relato teológico, es decir, muy marcado por la propia visión religiosa del evangelista, pero es posible que tenga un fondo histórico. El cuarto evangelio supone que el Juan Bautista ofreció el primer testimonio mesiánico de Jesús, al que presentó públicamente como «Cordero de Dios». No es verosímil que Juan Bautista le hubiera dado un testimonio de ese tipo y, sin embargo, es verosímil y probable que entre los discípulos de Juan (Andrés, Pedro, Jesús…) hubiera conexiones e intercambios como los que vemos aquí. En este contexto, algunos discípulos del Bautista «descubrieron» a Jesús y se comprometieron a seguirle y/o a trazar con él un proyecto mesiánico propio.
Entre los que hallaron a Jesús (o entre aquellos a los que Jesús llamó) estaban Andrés y Simón, dos hermanos. Eso significaría que Simón había dejado ya la pesca, de manera que se hallaba «liberado» para las tareas y esperanzas de la culminación escatológica de Israel, al lado del Bautista, lo mismo Jesús.
De esa forma empezaron siendo compañeros, discípulos de un mismo maestro, que era Juan. Según eso, cuando Jesús tuvo una vocación especial y llamó a Simón, no llamó a un pescador cualquiera, ajeno a los afanes de Dios, sino a un comprometido o voluntario de Dios, prometiéndole que sería Pedro (piedra, roca) del edificio escatológico (una promesa que debe entenderse como anticipación de algo que sucede en un tiempo posterior). Leer más…
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